
O de cómo convertir una causa justa en un circo personal.
El 8 de junio, el Papa León XIV se reunió con seis víctimas de abusos en la Iglesia. Una hora privada. El Vaticano fue discreto, como debe ser con víctimas traumatizadas.
Último boletín
Cuatrecasas no fue. Quedó fuera. Y aquí viene lo interesante: en lugar de aceptar que no podía haber un encuentro privado y un mitin político simultáneamente, decidió que era una conspiración. Que había sido "seleccionado". Que la Iglesia había elegido víctimas "dóciles".
¿Y quién es Cuatrecasas, exactamente?
No es solo un padre cuyo hijo fue víctima, supuestamente. Es exdiputado socialista. Portavoz de Infancia Robada. Miembro de Justice Initiative. Fundador de múltiples asociaciones. Es, en pocas palabras, un activista profesional de la causa de los abusos en la Iglesia.
Eso no es malo. Pero tampoco es lo mismo que ser una víctima que busca reparación.
Cuatrecasas habla siempre en términos absolutos. "Torticero, negligente, rastrera"—así describió la reunión papal que ni siquiera vio. ¿Rastrera? ¿De verdad? ¿Una Iglesia que se reúne en privado con víctimas es "rastrera"?
La Iglesia podría haber dicho: "Organizamos un encuentro privado con víctimas del Plan PRIVA nacional, que merecen un espacio seguro, sin presión política de portavoces de asociaciones."
Eso habría sido claro. Defensible. Pero Cuatrecasas no habría podido escribir un comunicado furioso. No habría podido aparecer en los medios acusando. No habría tenido su foto frente a la Nunciatura.
Aquí viene lo que nadie pregunta: ¿A quién representa Cuatrecasas realmente?
Representa a su hijo. Eso es legítimo.
Pero también representa a Infancia Robada, a Justice Initiative, a múltiples espacios donde tiene voz y poder. Y mientras más representa, más necesita de conflicto. Más necesita de la Iglesia siendo "malvada" para justificar su existencia como activista.
¿Qué pasa si la Iglesia toma decisiones sensatas pero no las explica bien? Cuatrecasas ve una oportunidad de aparecer como el único que dice la verdad. ¿Qué pasa si hay víctimas que no están de acuerdo con su tono confrontacional? Bueno, ellas son "dóciles" o "seleccionadas".
Nunca se plantea la posibilidad de que la Iglesia simplemente cometió un error táctico (no explicarse). Tiene que ser malvada. Tiene que ser una selección. Tiene que ser una conspiración.
¿Habría estado igual de furioso si hubiera sido recibido? ¿O simplemente habría encontrado otra razón para estar furioso?
Porque un activista de tiempo completo necesita estar furioso. La furia es su combustible. La injusticia es su narrativa. Si la Iglesia mejorara más aún sus protocolos, si escuchara más y mejor, si reparara con gran dispendio, ¿qué sería de Cuatrecasas?
Lleva 14 años en esto. Ha pasado de ser padre de una víctima a ser portavoz, exdiputado, negociador, cara visible. Ha construido una plataforma. Una voz. Un poder. Escorado, para más señas.
Y quizá, solo quizá, necesita que la Iglesia "siga siendo" malvada para que su plataforma siga siendo necesaria.
"Lamentamos esta conducta torticera, negligente y rastrera", dijo.
¿Torticera? Una Iglesia que reúne a víctimas en privado, que crea mecanismos de reparación, que firma acuerdos con el Gobierno, ¿es eso "torticero"?
O es simplemente una Iglesia que toma una decisión defensible pero no la comunica bien.
Pero Cuatrecasas no habla así. Cuatrecasas habla en absolutos. En acusaciones. En términos que no dejan espacio para matices.
Un padre cuyo hijo sufrió abusos tiene derecho a estar furioso. Pero un activista que lleva 14 años viviendo de su furia, que ha hecho carrera política con el sufrimiento de su hijo, que aparece en cada reunión importante... ese tiene una obligación adicional: la honestidad.
No es que Cuatrecasas no mereciera ser recibido. Es que no puede aceptar que sus demandas políticas no son lo mismo que el acompañamiento a víctimas.
La Iglesia reunió a víctimas en un espacio seguro. Eso fue correcto. Pero no invitó a un portavoz de asociación que viene a presionar cambios institucionales. Eso también fue correcto.
Cuatrecasas quería ambas cosas: ser reconocido como víctima (espacio seguro) pero también como activista político (poder negociar cambios). Y cuando no pudo tener ambas, acusó a la Iglesia de conspiración.
La realidad es más simple: fue excluido no por su identidad de víctima, sino por su rol de activista político. Y eso le molestó.
Porque Cuatrecasas necesita estar en la sala. Necesita ser visto. Necesita ser el que presiona, el que acusa, el que tiene razón.
Mientras, las víctimas que pasaron por el Plan PRIVA, que recibieron reparación, que fueron escuchadas en privado... esas parece que no le importan. Porque no sirven para su narrativa. La verdad es que la Iglesia fue torpe al no explicar su decisión.
Pero Cuatrecasas fue manipulador al convertir esa torpeza en una conspiración.
Y mientras él construye su plataforma con acusaciones cada vez más fuertes, hay muchas otras víctimas en silencio, sin asociación que las represente, sin portal que las amplíe, sin activista que les grite que tienen razón.
Esas víctimas no interesan. No generan conflicto. No venden.
Cuatrecasas sí.
