El Papa abordó el sacerdocio, la vida religiosa y el matrimonio como caminos de entrega total, en un encuentro juvenil marcado por música contemporánea, testimonios personales y un ambiente de cercanía espiritual.
Último boletín
La vigilia celebrada el sábado en la Plaza de Lima durante la visita del Papa León XIV constituyó uno de los momentos más intensos del encuentro con los jóvenes españoles: un acto festivo, con música en directo, testimonios de fe y un mensaje centrado en la vocación cristiana.
El evento reunió todos los elementos de una puesta en escena pensada para el público joven: iluminación cuidada, canciones de estilo moderno, silencios para la oración y un formato dinámico que buscaba conectar con el lenguaje de las nuevas generaciones. Varios jóvenes compartieron sus experiencias de búsqueda espiritual antes de que el Pontífice tomara la palabra.
En su intervención, León XIV adoptó un tono cercano y personal, haciendo referencia a figuras y santos que han marcado su propia trayectoria espiritual. Mencionó especialmente a San Juan Crisóstomo como referencia en su comprensión de la llamada cristiana y la entrega personal a Dios.
Desde esa perspectiva, el Pontífice dirigió una invitación directa a los asistentes que se convirtió en el eje de la noche: “¡No tengáis miedo jamás de pensar en una vocación a la vida sacerdotal, a la vida religiosa o a otros servicios en la Iglesia!”
El Papa subrayó que la vida cristiana requiere generosidad y apertura a la llamada divina, especialmente durante la juventud, etapa fundamental para el discernimiento vocacional y la toma de decisiones que marcarán el futuro.
Posteriormente amplió su reflexión al matrimonio, presentándolo también como vocación de entrega plena y generosa, vivida en el amor fiel y el compromiso cotidiano. De este modo reforzó la idea de que todas las vocaciones cristianas comparten una raíz común: la donación de la propia vida al servicio de Dios y de los demás.
La vigilia concluyó con aplausos prolongados y un ambiente de cercanía entre los jóvenes y el Pontífice, quien reiteró su mensaje central: la vida alcanza su plenitud cuando se vive como respuesta genuina a una llamada divina.
