El arzobispo de Barcelona dio la bienvenida a León XIV en el Estadio Olímpico con uno de los símbolos más emblemáticos de Cataluña, vinculándolo con la Sagrada Familia, Gaudí y el lema “Alzad la mirada”.
Barcelona recibió al Papa León XIV con una de las imágenes más simbólicas de la etapa catalana de su viaje apostólico a España: un castell humano levantado ante el Pontífice en el Estadio Olímpico Lluís Companys.
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Antes del inicio de la vigilia de oración, el arzobispo de Barcelona, el cardenal Juan José Omella, quiso presentar al Santo Padre uno de los elementos culturales más característicos de Cataluña: los castells, las tradicionales torres humanas reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
«Bona tarda, Sant Pare Lleó XIV, benvingut a Barcelona, a Catalunya, a casa nostra», comenzó diciendo Omella en catalán, dando la bienvenida al Papa “a Barcelona, a Cataluña, a nuestra casa”.
El cardenal expresó la alegría de la Iglesia de Barcelona por recibir a León XIV y aseguró que los fieles querían mostrarle esa alegría “en un clima de fiesta y de oración”. También recordó que miles de personas habrían querido estar presentes en el estadio, pero no pudieron hacerlo por la limitación del aforo y siguieron la vigilia desde la calle, desde sus casas o por televisión.
Antes de comenzar propiamente la vigilia, Omella explicó al Papa el significado de los castells. Subrayó que estas torres humanas, profundamente enraizadas en las fiestas y tradiciones catalanas, muestran de manera visible la fuerza de la unidad, la confianza y el trabajo compartido.
Son, dijo el arzobispo, «una bella manifestación de lo que somos capaces de hacer los seres humanos cuando trabajamos unidos y con un mismo fin».
El gesto tenía además una lectura profundamente vinculada a Barcelona. Omella relacionó los castells con la Sagrada Familia, uno de los grandes símbolos de la ciudad y de la visita papal. Según explicó, estas torres humanas recuerdan a las torres de los apóstoles de la basílica y probablemente sirvieron de inspiración al venerable Antoni Gaudí.
Tras sus palabras, la Colla Castellera de Vilafranca del Penedès levantó ante el Papa un «tres de vuit», una construcción de ocho pisos que se convirtió en uno de los momentos más llamativos de la bienvenida a León XIV.
La escena resumió buena parte del mensaje de la vigilia: mirar hacia lo alto, sostenerse unos a otros y construir juntos. No era solo una exhibición cultural, sino una imagen de comunión y colaboración.
Omella cerró su saludo con una invitación que enlazó directamente con el lema del viaje apostólico. «Que nuestra oración, esta tarde, suba hacia lo alto, hacia Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos llama a la comunión y a la caridad. “Alcemos la mirada” hacia lo alto hoy y siempre», afirmó.
Con ese gesto, Barcelona quiso recibir al Papa uniendo fe, cultura y tradición. El castell humano ante León XIV se convirtió así en una de las imágenes más potentes del inicio de la etapa catalana de la visita: una torre levantada desde la confianza mutua para recordar que la Iglesia y la sociedad solo pueden alzar la mirada si aprenden a sostenerse juntas.
