Dos piezas de cerámica tradicional, de Manises y Teruel, revelan los usos litúrgicos y funerarios de objetos que conectan la fe con la cultura material de la región.
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La Catedral de Segorbe alberga un hallazgo significativo relacionado con la tradición funeraria y litúrgica: platos rituales de cerámica que datan de épocas pasadas. Este descubrimiento, que se enmarca dentro del Plan Diocesano de Pastoral 2023-2027 y el Jubileo 2025, pone de manifiesto la rica cultura cerámica de la región y su conexión con las prácticas eclesiásticas y las creencias populares. La investigación sobre estos objetos revela su uso en rituales de exequias, especialmente entre la Edad Media y mediados del siglo XX.
Los platos, conservados en la Catedral, son ejemplos de la cerámica tradicional de Manises y Teruel. Uno de ellos, de estilo barroco, proviene de los talleres de Manises de la primera mitad del siglo XVIII y presenta un diseño decorativo característico conocido como «clavellinas», que incluye motivos vegetales en azul cobalto sobre fondo blanco. El segundo plato, realizado en los talleres de Teruel a finales del siglo XVII, muestra una decoración en verde manganeso y morado, adaptada a las tendencias decorativas de la época, aunque con un enfoque más utilitario.
Estos objetos cerámicos no solo servían para fines estéticos, sino que desempeñaban un papel crucial en los rituales funerarios. Por un lado, se utilizaban como depósitos de sal, colocados sobre el cadáver durante el velorio, lo que tenía un doble propósito: la preservación del cuerpo y la protección del alma del difunto. Por otro lado, eran empleados en la gestión de los Santos Óleos durante la extremaunción, donde los platos acogían los materiales consagrados que, tras su uso, eran destruidos para evitar el sacrilegio.
El estudio de estos platos rituales también ofrece una perspectiva sobre la historia social y cultural de la antigua diócesis de Segorbe y Albarracín, evidenciando la convivencia de influencias islámicas, moriscas y cristianas en la región. La ruta del Camino Real de Aragón, que conecta Manises y Teruel, se convierte en un hilo conductor que une estos objetos con la historia y la liturgia de la zona, reflejando la hibridación cultural que caracterizó el periodo bajomedieval en el Alto Palancia.
Este análisis de la cerámica ritual no solo resalta la importancia de la conservación de estos objetos, sino que también invita a una reflexión más profunda sobre la intersección entre la fe, la cultura y las tradiciones en la vida de las comunidades a lo largo de la historia.
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