El Santo Padre subraya la necesidad de un liderazgo basado en la escucha y la corresponsabilidad.
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El Papa León XIV recibió esta mañana en el Aula Nueva del Sínodo a los moderadores de asociaciones internacionales de fieles, movimientos eclesiales y nuevas comunidades reunidos en su encuentro anual de los días 21 y 22 de mayo de 2026. El evento, organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, congregó a responsables de estas realidades laicales para reflexionar sobre su papel en la Iglesia.
En su discurso, el Pontífice puso el acento en los carismas del Espíritu Santo, particularmente relevantes en la proximidad a Pentecostés. Expresó su satisfacción por la celebración de este encuentro y subrayó la responsabilidad que recae sobre quienes conducen estas asociaciones en el ámbito internacional, así como la necesidad de fortalecer la comunión entre ellas.
León XIV desarrolló una reflexión profunda sobre el significado del gobierno en la Iglesia, explicando que va mucho más allá de la mera coordinación de necesidades religiosas. Recordó que la Iglesia fue instituida por Cristo como signo de su voluntad salvífica, por lo que el ejercicio del gobierno debe orientarse siempre hacia el bien espiritual de los fieles, manifestando la naturaleza sacramental de la Iglesia, que une dimensión institucional y comunión divina.
El Santo Padre insistió en que el liderazgo en las asociaciones de fieles constituye un don del Espíritu Santo, que debe ser reconocido por la comunidad y ejercido en beneficio de todos. Advirtió contra su desviación hacia intereses particulares o su imposición desde estructuras verticales, enfatizando que debe brotar de elecciones libres que reflejen un verdadero discernimiento comunitario.
Enumeró después los rasgos que caracterizan un buen gobierno: la escucha mutua, la corresponsabilidad compartida y la transparencia en la gestión. Destacó que un liderazgo verdaderamente efectivo promueve la participación activa de todos los miembros, evitando concentraciones de poder que debilitan la comunidad y limitan el aporte de sus integrantes.
Dirigiéndose directamente a los moderadores presentes, el Papa los exhortó a ser guardianes de la memoria e identidad de sus respectivas asociaciones, sin perder de vista los desafíos pastorales que presenta el mundo contemporáneo. Subrayó que la apertura a las realidades históricas y culturales resulta fundamental para que la pertenencia comunitaria sea auténtica y produzca frutos espirituales duraderos.
Cerró su intervención agradeciendo a los participantes su trabajo y dedicación, reconociendo que las asociaciones y movimientos eclesiales constituyen un don precioso para la Iglesia. Los animó a custodiar y desarrollar los carismas que poseen, asegurándoles que la Iglesia los acompaña en su misión. Finalmente, pidió la intercesión de la Virgen María, Madre de la Iglesia, para todos los presentes.
