Tras los muros de piedra de conventos y monasterios españoles, en el silencio de la oración, monjas y monjes siguen elaborando algunos de los dulces más tradicionales del país. Recetas que han viajado de generación en generación y que conservan un sabor que difícilmente se.
Tras los muros de piedra de conventos y monasterios españoles, en el silencio de la oración, monjas y monjes siguen elaborando algunos de los dulces más tradicionales del país. Recetas que han viajado de generación en generación y que conservan un sabor que difícilmente se encuentra fuera de estos espacios. Los dulces de convento no son solo un producto gastronómico. Durante siglos han sido sustento de las comunidades religiosas y expresión de su trabajo cotidiano, profundamente ligados a la vida espiritual de quienes los elaboran. Recorrer estos dulces es recorrer también una parte de la historia de España. 1. Yemas de Santa Teresa (Ávila) Las yemas de Santa Teresa son quizá el dulce conventual más conocido. Originarias de Ávila, se elaboran principalmente con yema de huevo y azúcar, lo que les confiere una textura suave y un sabor intenso. Aunque hoy se comercializan ampliamente, su origen está en conventos vinculados a la espiritualidad teresiana. En muchos de ellos aún se preparan siguiendo recetas tradicionales, especialmente en torno a festividades religiosas.
