Una religiosa pallottina polaca comparte su experiencia de once años como voluntaria en el programa de duchas para personas sin hogar junto a la basílica vaticana. Suor Hanna Kiedrowska ha sido testigo de cómo este servicio ha transformado vidas y ha devuelto la dignidad a quienes más lo necesitan.
Desde 2015, el programa de duchas en el Colonnato de San Pedro, impulsado por el Papa León XIV, ofrece un espacio seguro para que las personas sin hogar puedan asearse y recuperar parte de su dignidad. Suor Hanna destaca que su labor va más allá de proporcionar asistencia material; se trata de ofrecer un espacio donde estas personas puedan ser escuchadas y tratadas con respeto.
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Suor Hanna también enfatiza la importancia de la atención espiritual. Propone la creación de un espacio para la oración y la meditación, que complemente la ayuda material. Según ella, el ser humano necesita no solo alimento y refugio, sino también experimentar el amor de Dios y sentirse parte de la comunidad de la Iglesia. Su experiencia en el servicio de duchas es un testimonio de cómo la compasión puede restaurar la dignidad humana.
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