Apenas 24 horas después de los atentados del 11-S, Juan Pablo II compareció ante el mundo conmocionado. El Pontífice pidió que el horror no desencadenara una nueva espiral de odio y venganza, describiendo el día como un «día tenebroso en la historia de la humanidad». Su mensaje fue claro y directo.
El 12 de septiembre de 2001, Juan Pablo II expresó su profundo dolor por los ataques terroristas que habían ensangrentado a Estados Unidos. En su audiencia general, el Papa se unió a quienes condenaron estos actos de violencia y planteó la pregunta sobre cómo el ser humano puede llegar a tal crueldad. Su respuesta se centró en la naturaleza humana y el abismo del corazón, capaz de generar atrocidades.
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Juan Pablo II no solo condenó el mal, sino que también urgió a que la respuesta no fuera la venganza. En su oración, pidió que los responsables de las naciones no se dejaran dominar por el odio y que se esforzaran por construir un mundo mejor. Su mensaje final fue claro: «El mal y la muerte no tienen la última palabra». Para más información, puedes consultar la noticia original en este enlace.
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