La fe sostiene a católicos que perdieron seres queridos en los atentados del 11-S

La fe sostiene a católicos que perdieron seres queridos en los atentados del 11-S

Veinticinco años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, católicos que perdieron a sus seres queridos encuentran en la fe un pilar fundamental para sobrellevar el dolor, según reporta National Catholic Reporter.

Joseph Connor, un neoyorquino de 60 años, rememora el devastador impacto de los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando un avión comercial colisionó contra la torre norte del World Trade Center. Connor se encontraba en su oficina, ubicada en el piso 36 de un edificio cercano, y sintió el estruendo del impacto a una distancia de aproximadamente medio kilómetro. Al observar cómo los papeles de su oficina caían lentamente desde el rascacielos en llamas, comprendió que su primo, Steven Schlag, operador de bolsa en Cantor Fitzgerald, estaba en uno de los pisos superiores de la torre, según ha informado National Catholic Reporter.

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La tragedia se intensificó cuando un segundo avión impactó la segunda torre, confirmando así que se trataba de un ataque terrorista coordinado. Connor recordó su angustia al pensar en la familia de su primo: una esposa y tres hijos. Esta experiencia le llevó a cuestionar a Dios profundamente. Años antes, Connor había perdido a su padre en otro atentado terrorista, 26 años anterior al 11 de septiembre, lo que intensificó aún más su dolor y su sensación de ser víctima recurrente de la violencia extrema.

El ataque del 11 de septiembre dejó cerca de 3.000 muertos. A pesar de la devastación, Connor ha encontrado consuelo progresivo en su fe católica. Atribuye su fortaleza espiritual en parte a su hijo, un fraile agustiniano que se prepara para el sacerdocio. "Su fe me ha ayudado a ser más introspectivo y a comprender lo que significa ser católico", explicó Connor, quien asiste regularmente a misa. Con el paso de los años, ha llegado a aceptar las pérdidas de su familia, reconociendo que, aunque no comprende completamente las razones detrás de la tragedia, confía en que Dios tiene un propósito. "Quizás no entienda por qué Steve fue asesinado, pero siento que Dios tiene una razón para ello", concluyó.

La fe como respuesta al sufrimiento

Jean Schlag Nebbia, hermana de Steven Schlag y residente en Florida, también ha mantenido su fe tras la pérdida de su hermano. A diferencia de muchos que cuestionan a Dios después de una tragedia, Nebbia nunca culpó al Todopoderoso por los atentados. "Nunca culpé a Dios por el 11 de septiembre. Siento que se nos da el regalo de la vida y luego el regalo de la elección", afirmó Nebbia en declaraciones a National Catholic Reporter.

Tras meses de angustia profunda, Nebbia decidió entregar su dolor a Dios, un acto que marcó un punto de inflexión en su proceso de duelo. "El momento en que decidí poner esto en manos de Dios fue un punto de inflexión", añadió, destacando la importancia de su educación católica en su capacidad para afrontar la tragedia sin renegar de su fe. Sin embargo, con el paso de los años, Nebbia ha comenzado a cuestionar su capacidad para perdonar a los terroristas, reflexionando sobre la complejidad de la fe y el dolor, una tensión que permanece sin resolver completamente.

El rosario en medio de la angustia

Vera Murphy Trayner, quien perdió a su esposo Patrick Murphy en el ataque, también se apoyó en su fe en los momentos más críticos. Patrick era vicepresidente de tecnología en Marsh McLennan y se encontraba en el piso 97 de la primera torre impactada. Mientras corría a casa desde la escuela de su hijo, Trayner rezó el rosario con fervor, suplicando por la salvación de su esposo. Su oración no fue respondida de la forma que esperaba, pero Trayner ha encontrado consuelo en la creencia de que su muerte "sucedió por una razón", parte de un plan divino que trasciende la comprensión humana.

Con el paso de los años, Trayner ha buscado respuestas a sus preguntas sobre la fe y la pérdida, apoyándose en la guía del Espíritu Santo y en la intercesión de los santos. Aunque ha hallado cierta paz a través de estas prácticas espirituales, la herida sigue siendo profunda. "Aún me atormenta la idea de cómo debió sufrir mi primer esposo", confesó Trayner, mostrando la complejidad del proceso de sanación espiritual después de una pérdida tan traumática y súbita.

Las historias de Connor, Nebbia y Trayner ilustran cómo la fe católica ha operado como un mecanismo de resiliencia para muchas familias que perdieron seres queridos en los atentados de hace veinticinco años. En un contexto de dolor inexplicable y pérdida masiva, la creencia en Dios y en los misterios de la fe ha permitido a estos católicos transformar su duelo en una búsqueda continua de significado y esperanza espiritual.

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¿Te planteas las mismas preguntas sobre el propósito divino cuando experimentas una pérdida importante, como hacen estos católicos veinticinco años después?

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