Detrás de los muros de muchos conventos en España existe una realidad que la mayoría desconoce. Las monjas de clausura viven una jornada estructurada en torno a la oración, el silencio y el trabajo manual, lejos del ritmo del mundo exterior. ¿En qué emplean el.
Detrás de los muros de muchos conventos en España existe una realidad que la mayoría desconoce. Las monjas de clausura viven una jornada estructurada en torno a la oración, el silencio y el trabajo manual, lejos del ritmo del mundo exterior. ¿En qué emplean el tiempo? ¿Pueden salir, usar el móvil o recibir visitas? Cada comunidad tiene sus particularidades, pero la vida en clausura responde a una estructura bastante definida que combina espiritualidad y vida práctica. Una jornada organizada en torno a la oración El eje de la vida conventual es la Liturgia de las Horas. A lo largo del día, las monjas se reúnen varias veces para rezarla, una práctica que marca el ritmo desde los primeros siglos de la Iglesia. La jornada arranca temprano, en torno a las seis o las siete de la mañana, con los primeros rezos comunitarios. A partir de ahí se alternan momentos de oración, meditación personal y celebración de la Eucaristía. No hay improvisación: todo responde a una forma de vida que sitúa.
