El Papa en Arguineguín: “La dignidad humana no tiene pasaporte”

El Papa en Arguineguín: “La dignidad humana no tiene pasaporte”

La visita del Pontífice resalta la urgencia de abordar la tragedia de los migrantes en el Atlántico.

El Papa León XIV ha llegado a Canarias en la mañana del 11 de junio de 2026, marcando la primera visita de un Pontífice a este archipiélago español. En un emotivo encuentro celebrado en el puerto de Arguineguín, el Santo Padre llevó a cabo una ofrenda floral y una oración en memoria de aquellos que han perdido la vida en las peligrosas rutas migratorias. Durante su discurso, el Papa subrayó la necesidad de que las naciones de origen, tránsito y la comunidad internacional busquen soluciones efectivas a esta crisis humanitaria, afirmando que “Europa no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas”.

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León XIV fue recibido en el puerto de Arguineguín por el presidente del Gobierno y el presidente de Canarias, entre otras autoridades. Este puerto es un punto clave en la llegada de migrantes que utilizan la Ruta Atlántica, una de las más peligrosas del mundo, donde embarcaciones como cayucos y pateras realizan travesías que pueden superar los 1.600 kilómetros desde países como Senegal, Mauritania, Gambia, Mali y Marruecos. Las condiciones de estas travesías, junto con la precariedad de las embarcaciones y la falta de medios de rescate en alta mar, han resultado en un elevado número de víctimas. “Gracias de corazón a cuantos se suman a los rescates, a la acogida y al acompañamiento, dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y cambiar vidas”, destacó el Santo Padre.

Durante su visita, el Papa interactuó con migrantes y voluntarios de rescate, enfatizando la importancia de la dignidad humana y la acogida fraternal. “Aquí llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad. Aquí el Evangelio nos arranca del lugar cómodo del espectador y nos sitúa ante el hermano que llega”, afirmó León XIV. El obispo de Canarias, monseñor José Mazuelos, dio la bienvenida al Santo Padre, resaltando el significado de su mensaje en un lugar donde el dolor y la esperanza coexisten. La secretaria general de Cáritas Canarias actuó como maestra de ceremonias en este acto, que estuvo marcado por testimonios de vida y una oración compartida en memoria de las víctimas de la migración.

El Papa se acercó al borde del muelle para realizar una ofrenda floral en honor a las víctimas de las rutas migratorias. También bendijo una cruz de cayuco, hecha con madera de embarcaciones naufragadas, y una imagen de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros, que simbolizan la esperanza y protección en los viajes migratorios. Para ilustrar la realidad de la migración, varios testimonios fueron compartidos, incluyendo el de un capitán de Salvamento Marítimo que ha rescatado a más de 20.000 personas, y el de una voluntaria de Cáritas que destacó la importancia de estar presentes y ofrecer gestos de cercanía a quienes llegan.

Uno de los relatos más impactantes fue el de Blessing, una mujer que huyó de Nigeria y fue víctima de trata. Ella compartió su experiencia de sufrimiento y superación, agradeciendo el apoyo de la Iglesia. Otro testimonio fue el de una mujer colombiana que, tras casi 30 años en las islas, ha logrado establecer su propio negocio, generando empleo y oportunidades para otros. Tras estos relatos, se entregó al Papa un regalo artesanal que simboliza el drama migratorio, elaborado con técnicas ancestrales y arenas volcánicas de las islas.

El Santo Padre hizo un llamamiento a la reflexión sobre la crisis migratoria, instando a las naciones de origen a crear condiciones de paz y desarrollo, y a las naciones de tránsito a proteger a los vulnerables. “Este drama debe convertirse en examen de conciencia”, afirmó, añadiendo que la Iglesia no puede desentenderse de la situación de los migrantes. León XIV enfatizó que “no basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido”, y planteó la pregunta: “¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?”

El Papa también reflexionó sobre la misión de la Iglesia en la ayuda a los migrantes, recordando que cada persona es un individuo con dignidad y sueños. “Queridos migrantes: antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad. No son números ni expedientes”, expresó. León XIV subrayó la importancia de proteger la vida de los migrantes y de no dejarse engañar por falsas promesas de quienes comercian con su desesperación.

Finalmente, el Santo Padre concluyó su intervención recordando que “la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera”, y pidió que Dios nos ayude a reconocer la dignidad en los pobres y en los extranjeros. “Que la historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en paisaje habitual de nuestras costas”, concluyó, instando a todos a reflexionar sobre la humanidad que queda en cada vida que llega.

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