
Como ya dijeran los holandeses en el llamado milagro de Empel: tal parece que Dios es español. España ganó el mundial sin ser la favorita. Eso ha supuesto un golpe en el corazón de varios jugadores. Cuando no esperas nada y te encuentras un milagro así, eres más agradecido. Y esperas que hay gestos que dicen mucho más que un discurso entero. El pasado domingo, tras proclamarse campeona del mundo, la selección española nos dejó uno de ellos. En medio de la euforia, de las cámaras y de la gloria, varios leí protagonistas, entre ellos Rodri y Luis de la Fuente, dirigieron públicamente su gratitud a Dios. Sin complejos. Sin pedir perdón por creer. Sin esconder aquello que consideran lo más importante de sus vidas.
Último boletín
Vivimos en una sociedad donde lo habitual es acordarse de Dios cuando llegan la enfermedad, el fracaso o la incertidumbre. Es humano. En el dolor buscamos un apoyo que nos trascienda. Pero resulta mucho más difícil levantar la vista al Cielo cuando todo sale bien, cuando uno está en la cima y recibe el aplauso del mundo entero. Precisamente ahí es donde la gratitud revela la verdadera humildad.
No se trata de pensar que Dios decide el resultado de un partido o reparte victorias deportivas. Se trata de reconocer que el talento, la salud, las oportunidades y la fortaleza para llegar hasta allí son dones que merecen ser agradecidos. Quien agradece reconoce que no es el dueño absoluto de su éxito. Y eso, en una cultura obsesionada con el ego, resulta profundamente contracultural.
No es un caso aislado. También en otros ámbitos del deporte y de la vida pública se percibe un cambio de tendencia. Figuras internacionales, como Conor McGregor, hablan de Dios con una naturalidad impensable hace unos años. Quizá estemos asistiendo al fin de ese complejo según el cual la fe debía quedar relegada a la esfera privada para no incomodar a nadie.
Ojalá este pequeño resurgir no sea una moda pasajera. Porque una sociedad no empeora cuando sus referentes hablan de Dios; empeora cuando nadie se atreve a hablar de Él.
Y, mientras tanto, disfrutemos del triunfo de una selección que ha conquistado el mundo con talento, trabajo y compañerismo. Si además sus protagonistas saben dar gracias cuando todo les sonríe, la victoria resulta todavía más admirable.
¡Enhorabuena, campeones!
Participa en la conversación con respeto. Tu comentario se publicará automáticamente, aunque podrá ser retirado por la redacción.

Comentarios (0)