La celebración reunió a 25.000 fieles de todas las islas y mostró el rostro diverso de una Iglesia donde migrantes, jóvenes, familias y voluntarios tuvieron un papel protagonista.
La misa presidida por el Papa León XIV en el Estadio de Gran Canaria no fue solo uno de los actos centrales de su visita apostólica a España. También se convirtió en una radiografía de la Iglesia canaria y de algunas de las realidades que el Pontífice ha querido poner en el centro de su viaje: la migración, la acogida, la dignidad humana y la caridad concreta.
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Unos 25.000 fieles procedentes de todas las islas participaron en la celebración del Sagrado Corazón de Jesús junto al Santo Padre. Entre ellos había familias, jóvenes, religiosos, migrantes, voluntarios, educadores, catequistas y personas vinculadas a distintas realidades sociales y eclesiales.
Desde el inicio de la Eucaristía, la participación de los laicos tuvo un protagonismo especial. Jóvenes, docentes, catequistas y personas comprometidas en el acompañamiento de migrantes, enfermos y reclusos participaron activamente en las lecturas, las peticiones y la presentación de las ofrendas.
Uno de los detalles más significativos de la celebración fue la presencia visible de personas procedentes de diferentes países y culturas.
Las oraciones de los fieles se proclamaron en varios idiomas, entre ellos inglés, francés y wolof, lengua hablada por millones de personas en Senegal.
Entre quienes participaron se encontraba Elisabeth, una mujer senegalesa que lleva más de tres décadas viviendo en Gran Canaria y que elevó una de las peticiones en su lengua materna, reflejando la integración y la acogida que forman parte de la realidad cotidiana de las islas.
También las ofrendas fueron presentadas por familias pertenecientes a distintas realidades eclesiales, junto a religiosas, educadores y personas cuya vida ha estado marcada por la experiencia migratoria.
En su homilía, León XIV centró su reflexión en el Sagrado Corazón de Jesús y en el amor de Dios manifestado en Cristo.
El Papa explicó que en el Corazón de Jesús se descubre un amor que permanece fiel incluso cuando aparecen el rechazo, el miedo, la tristeza, la fragilidad o las contradicciones humanas.
Contemplar ese corazón, afirmó, permite descubrir “un nuevo modo de existir y de relacionarnos”, capaz de transformar la forma de vivir y de mirar a los demás.
Según señaló, el verdadero camino hacia la felicidad no pasa por el egoísmo ni por la autosuficiencia, sino por aprender a amar como Cristo.
“La mejor respuesta al amor de su corazón es el amor a los hermanos”, recordó, retomando una enseñanza del Papa Francisco.
Uno de los mensajes más importantes de la homilía fue la llamada a entender la caridad cristiana como algo mucho más profundo que una simple ayuda material.
León XIV insistió en la necesidad de acompañar especialmente a quienes viven situaciones de vulnerabilidad, exclusión o sufrimiento.
El Pontífice destacó que la acción de la Iglesia no puede limitarse al asistencialismo, sino que debe ayudar a cada persona a desarrollar plenamente su dignidad y su vocación.
En este contexto recordó una conocida enseñanza de Benedicto XVI, quien definió la caridad como “la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad”.
Para León XIV, la verdadera caridad no consiste únicamente en atender necesidades inmediatas, sino también en favorecer la integración social, el crecimiento humano y espiritual y la construcción de una sociedad más justa.
La última parte de la homilía estuvo dedicada a una de las actitudes que más preocupan al Papa: la sensación de que el ser humano puede bastarse a sí mismo.
León XIV advirtió que quienes creen no necesitar ni a Dios ni a los demás tienen más dificultades para reconocer el amor que transforma la vida.
También alertó contra una sociedad dominada por el ruido constante, la agitación y la incapacidad para escuchar.
Frente a ello, defendió la importancia del silencio interior, de la humildad y de la apertura al encuentro con Dios y con los demás.
Para reforzar esta idea citó a San Agustín:
“Donde está la caridad, está la paz, y donde está la humildad, ahí está la caridad”.
Según explicó, solo desde la humildad es posible conocerse verdaderamente, reconocer las propias limitaciones, perdonar y construir relaciones auténticas.
En la parte final de la celebración, el Papa evocó la imagen tradicional del Sagrado Corazón de Jesús, coronado de espinas y ardiente de amor por la humanidad.
A partir de ella animó a los fieles a convertirse en presencia viva de Cristo en medio del mundo.
“Encendidos con la caridad de su corazón, seamos portadores de su misericordia y de su paz”, exhortó.
Su deseo, añadió, es que “en el mundo cesen las guerras y crezca a nuestro alrededor una nueva humanidad reconciliada en el amor”.
La celebración dejó así una de las homilías más sociales de todo el viaje apostólico. Ante una Iglesia formada por personas de múltiples procedencias y situaciones, León XIV volvió a insistir en una idea que ha atravesado toda su visita a España: el amor cristiano no puede quedarse en palabras, sino que debe convertirse en acogida, servicio y transformación real de la vida de las personas.
