La encíclica Magnifica humanitas de León XIV recoge el legado del encuentro de Asís de 1986, cerrando cuatro décadas de magisterio pontificio sobre fe, diálogo interreligioso y construcción de paz sin diluir las convicciones propias.

El boletín de hoy
Martes, 27 de octubre
La encíclica Magnifica humanitas, fechada el 15 de mayo de 2026, integra de manera expresa el espíritu de Asís impulsado por Juan Pablo II hace cuarenta años. En el párrafo 223 del documento, León XIV afirma que "los creyentes pueden volver a beber de las fuentes más auténticas de sus tradiciones espirituales, donde no hay lugar para el odio sacralizado", con referencia directa al encuentro histórico del 27 de octubre de 1986 y su prolongación en los pontificados posteriores. El Pontífice actual integra así el legado de cuatro décadas en la reflexión social sobre los desafíos contemporáneos.
Aquel encuentro sin precedentes reunió en Asís a representantes de las grandes tradiciones religiosas del mundo en una jornada de oración por la paz que transformaría el diálogo interreligioso. El cardenal Roger Etchegaray, designado por Juan Pablo II para dirigir la iniciativa, presidenció momentos que perduraron en la memoria: jóvenes judíos ofreciendo ramas de olivo a líderes musulmanes, el intercambio de paz entre obispos cristianos en la catedral de San Rufino, y un arcoíris que rasgó el cielo al término de la mañana. Cada comunidad oró según su propia tradición, sin fusionar ritos ni convicciones. De allí surgió el principio rector que Etchegaray sintetizó con palabras del propio Juan Pablo II: "Estar juntos para orar, pero no orar juntos".
El 22 de diciembre de 1986, Juan Pablo II ofreció una lectura teológica del evento ante la Curia romana. Subrayó que la identidad de la Iglesia Católica se fortalecía en Asís, no porque celebrara un éxito diplomático, sino porque verificaba su fe en un contexto de respeto mutuo. La relación con el Concilio Vaticano II era recíproca: el Concilio iluminaba el encuentro, pero el encuentro permitía releer el Concilio con mayor profundidad. Cuatro años después, en la encíclica Redemptoris missio, el Pontífice polaco vinculó Asís con la acción del Espíritu Santo: "Toda oración auténtica es suscitada por el Espíritu Santo, que está misteriosamente presente en el corazón de cada hombre". El diálogo interreligioso tenía razón teológica, no meramente diplomática.
En 2002, el 20 de enero, Juan Pablo II regresó a Asís en un contexto ensombrecido por el terrorismo y los atentados del 11 de septiembre de 2001. La oración adquirió dimensión de responsabilidad pública: las comunidades religiosas debían repudiar la violencia que pretendía legitimarse invocando a Dios. "Quien utiliza la religión para fomentar la violencia contradice su inspiración más auténtica y profunda", afirmó entonces. El encuentro no era evasión de la historia, sino su afrontamiento responsable.
El 27 de octubre de 2011, en el 25.º aniversario, Benedicto XVI amplió la convocatoria a quienes, sin profesar fe religiosa, buscaban la verdad y el bien. Los denominó "peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz". El Papa Ratzinger planteó una interpelación profunda: la imagen de Dios puede verse empañada por el modo en que se viven las religiones. No bastaba condenar a quienes instrumentalizaban la religión; era necesario preguntarse si la propia manera de presentar la fe mostraba realmente el rostro de un Dios de paz o lo deformaba.
El 20 de septiembre de 2016, el Papa Francisco resumió la continuidad con una precisión: "Por el contrario, hemos rezado los unos con los otros, los unos por los otros". Con ello excluía el sincretismo y el relativismo, subrayando la dimensión fraterna. El diálogo debía dar voz a víctimas de guerras, refugiados y pobres. A la oración tenía que corresponder la colaboración concreta; a la oración, el empeño por atacar las raíces de los conflictos. La amenaza no era únicamente el fanatismo, sino también la indiferencia.
Con León XIV, la encíclica Magnifica humanitas proyecta el legado de cuarenta años hacia el presente. Las religiones tienen capacidad para contrarrestar la cultura de la violencia no rebajando sus propias convicciones, sino retornando a sus orígenes más genuinos. El hilo conductor de cuatro décadas ha sido constante: el encuentro no como suspensión de la fe, sino como su verificación. Para los creyentes, Asís sigue planteando una pregunta fundamental: ¿puede su relación con Dios traducirse en responsabilidad efectiva por la paz?
Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.
¿Crees que el diálogo interreligioso que Juan Pablo II inauguró en Asís sigue siendo relevante para resolver los conflictos actuales?
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