
O de cómo un obispo puede apartarse para que se vea lo importante.
Un caballo de verdad trotando sobre el césped de un estadio de fútbol. Una Juana de Arco con su armadura, un Cura de Ars con la sotana gastada, una Magdalena que llega sin hacer ruido. Y después, en silencio, reliquias. Muchas. Una no es de lágrima fácil, pero confieso que el viernes, delante de la pantalla, tuve que buscar un pañuelo. Y no fue por los fuegos artificiales.
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El 25 de septiembre, en el Stade de France, unos 80.000 jóvenes recibieron a León XIV con una representación que recreaba la vida de los santos franceses y la historia de la Iglesia en su país: caballos reales, Santa María Magdalena, Santa Juana de Arco y el Santo Cura de Ars, todo rematado con fuegos artificiales sobre el estadio. Después, más de sesenta reliquias y ciento cincuenta estandartes con nombres de santos franceses recorrieron el estadio en procesión mientras se cantaba la letanía. También estaba expuesta, de forma excepcional, la Santa Túnica de Argenteuil. Y el Papa, que no es hombre de salirse del papel, improvisó: «¡Ustedes son los santos de Francia!». Papa a los jóvenes en el Stade de France: “Vos sois la esencia de Francia” +3
Y una, que es de Madrid y tiene memoria, no pudo evitar acordarse de junio.
Lo llamativo no es que en París hubiera espectáculo. En Madrid también lo hubo, y a lo grande. Lo llamativo es de qué hablaba cada uno. En Saint-Denis, el escenario contaba quién es Francia cuando reza. En Madrid, el escenario contaba sobre todo quién había organizado la fiesta.
El 6 de junio, en la plaza de Lima, la archidiócesis montó lo que ella misma bautizó como un «festival de la fe» dividido en varios momentos, con actuaciones musicales y testimonios. Actuó Siloé. Y el gran momento escénico fue, tras el saludo del cardenal, una representación de Godspell, un musical creado por John-Michael Tebelak con música y letras de Stephen Schwartz. Broadway, años setenta. Es decir: Francia sacó a sus santos; Madrid, un musical norteamericano. Con Teresa de Jesús, Isidro Labrador, Ignacio de Loyola y Francisco Javier esperando turno en el banquillo. El papamóvil salió de la plaza de San Juan de la Cruz, que fue lo más cerca que estuvo el santo del escenario. Qué cosmopolita. Qué moderno. Qué poquísimo nuestro todo. Madrid se vuelca con el Papa León XIV: gran vigilia con jóvenes y música en la Plaza de Lima +4
Antes del musical, claro, el saludo. Porque en Madrid no hubo acto sin prólogo del arzobispo. En el CEDIA de Cáritas, Cobo presentó el centro como un rincón que «tiene algo de Belén». En Cibeles, antes de la misa del Corpus, dio la bienvenida con un discurso sobre una sociedad más fraterna. En el Bernabéu volvió a dirigirse al Papa en el encuentro diocesano. Y en la plaza de Lima arrancó bien, lo reconozco: «esta es la juventud de Jesucristo». Cristo apareció, sí. En la frase de entrada. Luego vino el inventario: jóvenes comprometidos en parroquias y movimientos, pero también otros marcados por la precariedad, la soledad, la experiencia migratoria o el sufrimiento personal. Todo verdad, todo importante, todo con esa textura de memoria anual que se lee con gafas de cerca. Más sociológico, solo una encuesta del CIS. Inicio +4
En Saint-Denis, en cambio, el obispo Etienne Guillet pronunció un breve saludo antes del discurso del Papa, y a otra cosa. Del cardenal Aveline, artífice del viaje, se ha escrito que no quiere atribuirse méritos y habla constantemente del trabajo en equipo. En París, los obispos saludaron y se apartaron; en Madrid, el arzobispo saludó y se quedó. eldebatevaticannews
Pero no se vayan todavía, que aún hay más.
Porque el propio Cobo, en el Bernabéu, dejó la frase que retrata el viaje mejor que cualquier crónica. Pidió «no tanto multiplicar discursos, como dejar que nuestra vida suene a Evangelio». Lo dijo en su cuarto discurso ante el Papa. ¿A quién iba dirigido el consejo? ¿Era examen de conciencia en voz alta? ¿O es que multiplicar discursos es malo solo cuando los multiplican otros? Esa misma noche, un numeroso grupo de jóvenes bailarines inundó el Bernabéu con vestimentas blancas y amarillas, en formación y girando al unísono, con esa gracia de muñeco de futbolín que da vueltas sobre su barra sin saber muy bien hacia dónde. Muy vistoso todo. vidanuevadigitalarchicompostela
Y por si alguien todavía no hubiera captado la diferencia, está el mensaje. En Lourdes, el Papa dijo a los obispos franceses que «hacer conocer y amar a Jesucristo» es la única hoja de ruta para el nuevo impulso misionero, y reclamó una formación doctrinal sólida para los nuevos conversos. No es retórica: en Francia el número de adultos bautizados se ha más que triplicado en diez años. Un país que media prensa daba por perdido se ha puesto a bautizar adultos, y su Iglesia ha entendido que a esos jóvenes no se les convence con una encuesta ni con un musical, sino enseñándoles de quién son herederos. Sin psicologismos. Sin prólogos. Con la letanía. León XIV pide a los obispos franceses defender la voz pública de la Iglesia y la identidad de la escuela católica +2
Ahora bien, para que nadie diga que una se pone borde por deporte, conviene reconocer lo bueno. Y lo mejor de Madrid también estuvo en la plaza de Lima. Cuando empezó la adoración, se hizo el silencio absoluto en el Paseo de la Castellana, tras la lectura del Evangelio de los panes y los peces. Medio millón de personas delante del Santísimo, sin que nadie les explicara nada. Eso no lo coreografió nadie. Y el Papa hizo bien en dar después las gracias a Madrid por la cercanía, la generosidad y la disponibilidad en el servicio, que es lo que pusieron los voluntarios, los coros y las parroquias. Lo que funcionó en Madrid fue justo lo que no necesitaba presentador. Visita del Papa León XIV a Madrid, en directo: 500.000 personas se reúnen en la vigilia de la plaza de Lima +2
En el fondo, lo que asoma son dos maneras de presentarse ante el sucesor de Pedro. Una Iglesia se presenta como un informe: sus retos, sus consejos, sus puntos de escucha, su diagnóstico. La otra se presenta como una historia de santidad. La primera necesita un portavoz que la explique; la segunda solo necesita que el portavoz se aparte. Juana de Arco no necesita que la presente el arzobispo. Viene a caballo.
Por eso en París casi no se oyó a los obispos. No les hacía falta. Hablaban los santos.
En Madrid, por una vez, habría bastado con que el arzobispo siguiera su propio consejo: afinar la voz.
Callando.
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¿Crees que la forma en que se presentó la Iglesia francesa, centrándose en sus santos y tradición, fue más efectiva que el enfoque madrileño con actuaciones y testimonios modernos?
¿Qué te parece que la diferencia entre ambas vigilia refleja sobre cómo cada Iglesia entiende su propia identidad y su misión evangelizadora?
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