León XIV llama al Rosario «el motor oculto» en Pompeya

León XIV llama al Rosario «el motor oculto» en Pompeya

El Papa León XIV subraya el papel de la oración durante su visita al santuario mariano napolitano

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El Papa León XIV visitó Pompeya el 8 de mayo en jornada pastoral que coincidió con la festividad de la Virgen del Santo Rosario. Durante su permanencia en el santuario, el Pontífice se encontró con los beneficiarios de las obras de caridad y puso énfasis en el papel central que ocupan el amor y la oración en la vida de los cristianos.

El viaje comenzó a las 8:00 horas cuando el Papa despegó en helicóptero desde el Vaticano, llegando a Pompeya a las 8:52. La visita coincidió con el primer aniversario de su elección como Sucesor de Pedro. En su primer acto, León XIV expresó gratitud a voluntarios y responsables de las iniciativas caritativas del lugar, y recordó la reciente canonización de San Bartolo Longo, figura fundamental en la historia del santuario.

El Santo Padre caracterizó el santuario como “un lugar de gracia”, espacio donde la Virgen del Rosario y San Bartolo Longo acogen a personas de distintas condiciones y las encaminan hacia Dios, fuente del amor universal. Recuperó también las palabras del santo fundador, quien se refería a este lugar como “lugar del amor que calienta el corazón”, una visión que, según el Papa, mantiene plena vigencia.

León XIV presentó las obras caritativas del santuario como expresión viva de la Resurrección de Cristo, capaz de transformar los corazones mediante el amor. Señaló que el “Templo de la Caridad” y el “Templo de la Fe” se sostienen mutuamente en un ciclo donde la oración alimenta el servicio y la generosidad impulsa la contemplación.

En su discurso, el Papa dedicó especial atención a la oración, particularmente al Santo Rosario, al que definió como “el motor oculto que hace posible todo lo demás”. Exhortó a los presentes a mantener viva esta devoción, explicando que la meditación de los misterios de Cristo permite que la acción divina remodele las existencias.

Dirigiéndose a los jóvenes, León XIV los animó a depositar su confianza en Jesús, a quien describió como “el Amigo que nunca nos abandona”. Cerró su intervención invitando a todos a encomendarse a Dios por intercesión de María, asegurando que su gracia abre camino hacia un futuro de paz y esperanza. Antes de concluir, impartió la bendición apostólica e invocó la protección de la Virgen del Rosario de Pompeya y San Bartolo Longo.

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