El obispo Robert Barron advierte sobre las implicaciones morales de fronteras sin regulación y reflexiona sobre la doctrina de guerra justa.
El obispo Robert Barron, al frente de la diócesis de Winona-Rochester en Minnesota, ha advertido sobre las consecuencias morales de mantener fronteras sin regulación. En una conversación reciente con el comentarista Bill O'Reilly, el prelado abordó la posición de la Iglesia, que defiende un trato compasivo hacia los inmigrantes pero reconoce igualmente el derecho de cualquier nación a proteger sus fronteras.
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Barron señaló haber constatado de forma directa el "caos moral" que puede generar una frontera abierta, y puso el acento en el grave problema de la trata de personas, con especial atención a la explotación sexual infantil. "La más reciente información que hemos recibido sobre este asunto nos muestra que una frontera sin regulación es una proposición moralmente muy peligrosa", afirmó el obispo.
El prelado abordó también la cuestión de la guerra preventiva, asunto que ha generado debate en la enseñanza de la Iglesia. Recordó que la doctrina clásica de la guerra justa, tal como la formularon San Agustín y Santo Tomás de Aquino, reconocía la legitimidad de actuar militarmente de forma preventiva para corregir un mal moral.
Con todo, en los últimos 75 años los papas han adoptado una postura sensiblemente más restrictiva al respecto, sosteniendo que la guerra solo puede justificarse ante una agresión injusta manifiesta, habida cuenta del potencial destructivo que caracteriza a los conflictos armados modernos. Barron asume esta evolución como parte del desarrollo legítimo de la doctrina eclesial.
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