El humorista español revela su acercamiento a la fe y reflexiona sobre cómo la familia y los valores le han orientado en su trayectoria.
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José Mota, el popular humorista manchego, ha abierto su corazón sobre fe, familia y vocación en una entrevista con Luis Luque publicada en Aceprensa. El cómico, que lleva décadas arrancando carcajadas a los españoles, reconoce haber atravesado etapas de duda y agnosticismo, pero hoy habla sin ambages de su relación con Dios: "Me siento feliz por estar cada día más cerca de Jesús. Jesús es, te diría, el centro de mi existencia".
Mota, nacido en Montiel, Ciudad Real, atribuye buena parte de lo que es a sus orígenes humildes. Crecer en ese entorno, dice, le dejó una "inmensa riqueza en valores". Recuerda especialmente a su padre, José Romero, que sin ser humorista de oficio tenía un don natural para contar historias y le inculcó desde pequeño el amor por la literatura. Sus raíces, insiste, son la clave para entender tanto su identidad como su trayectoria.
La familia sigue siendo hoy su ancla. Sus tres hermanas trabajan con él en la productora, y esa presencia cotidiana le devuelve a lo esencial. El amor recibido en casa, explica, le ha protegido de las trampas de la fama, sobre todo de la vanidad. "El amor no solamente te edifica: es que te ubica. Te da identidad, te da un sitio, un saber quién eres", señala Mota, que recurre a la imagen de volar muy alto sin soltar la cuerda que le ata a su pueblo.
Mota es tajante sobre el ego. Sostiene que "alimentar el ego, el 'yo-yo-yo', es matar de hambre el alma humana. Porque luego todo es nada". Frente a eso defiende el «nosotros»: el éxito profesional, a su juicio, debe ir de la mano de un compromiso con los demás. Ese mismo criterio rige su humor. Antes de lanzar una broma, se pregunta si puede hacer daño. Si la respuesta es sí, la descarta sin dudar: "Prefiero perder alguna carcajada antes que agredir a nadie".
Al preguntarle cómo quiere ser recordado, Mota aparta los premios y los programas. Lo que le importa es haber sido buena persona y haber puesto su talento al servicio del bien. Ese deseo encaja con el camino espiritual que describe: "Cuanto más me acerco a Jesús, más claro tengo dónde está el centro de mi vida", concluye el humorista, tras años de búsqueda que, según cuenta, han terminado por darle respuestas.
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