El arzobispo Gallagher intervino en la 70.ª Conferencia General del OIEA en Viena para reclamar el abandono global de armas nucleares y una gobernanza ética de la tecnología atómica.

El boletín de hoy
Viernes, 30 de octubre
El arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales de la Santa Sede, tomó la palabra el 15 de septiembre en la 70.ª Conferencia General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) celebrada en Viena. En su discurso, reclamó a los Estados que abandonen las armas nucleares y subrayó que el uso de la tecnología atómica exige compromisos éticos claros y una responsabilidad proporcional a su potencial.
El arzobispo señaló que el uso pacífico de la energía nuclear puede contribuir a satisfacer la creciente demanda energética mundial y constituye un ejemplo de cómo el avance científico puede ponerse al servicio de la humanidad. Advirtió, sin embargo, que ese uso debe ser responsable y no puede derivar en proliferación armamentística. Gallagher pidió expresamente proteger las instalaciones nucleares en contextos de conflicto armado, calificando su seguridad como una preocupación de primer orden.
El secretario de la Santa Sede trasladó a los participantes en la conferencia los mejores deseos del Papa León XIV y reafirmó el compromiso histórico del Vaticano con el OIEA, del que forma parte como uno de sus signatarios originales. La tecnología nuclear, dijo, debe regirse por principios éticos sólidos y orientarse hacia la paz y el desarrollo humano integral. La postura de la Santa Sede, precisó, permanece firme pese a la evolución del escenario geopolítico y tecnológico.
Gallagher destacó también el papel singular del OIEA en la promoción del uso pacífico de la energía nuclear, con especial mención a su programa de cooperación técnica y al apoyo que presta a las instituciones nacionales. Advirtió, no obstante, que la responsabilidad en este ámbito no recae solo sobre la Agencia: los Estados que no poseen armas nucleares tienen también el deber de no adquirirlas.
Con ocasión del 40.º aniversario de la catástrofe de Chernóbil, el arzobispo recordó que los beneficios del uso pacífico de la tecnología nuclear deben equilibrarse con la responsabilidad y el compromiso con la seguridad. Fue rotundo al afirmar que los ataques a instalaciones nucleares son inaceptables, pues podrían provocar fugas radiactivas con consecuencias devastadoras para las personas y el medio ambiente.
El arzobispo abordó asimismo la irrupción de la inteligencia artificial en el ámbito nuclear, reclamando una reflexión ética rigurosa y una gobernanza responsable. Citando al Papa León XIV, advirtió sobre el riesgo de que las situaciones de emergencia acaben dictando el rumbo de las decisiones. La aplicación de la inteligencia artificial en el sector nuclear, concluyó, debe contar con una supervisión humana efectiva, normas de seguridad robustas y una cooperación internacional reforzada, condiciones sin las cuales estas tecnologías difícilmente contribuirán a la paz y al bienestar de las generaciones presentes y futuras.