Cuarenta años después de su publicación, representantes de New Ways Ministry critican la carta de 1986 firmada por el cardenal Joseph Ratzinger, que reafirmó la doctrina católica sobre la homosexualidad y calificó los actos homosexuales de "intrínsecamente desordenados".

El boletín de hoy
Viernes, 30 de octubre
Cuarenta años después de su publicación, la «Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales», firmada el 1 de octubre de 1986 por la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha vuelto al centro del debate eclesial. Con motivo de su aniversario, voces críticas con la enseñanza católica sobre la homosexualidad han arremetido con dureza contra su contenido.
El texto llevaba la firma del cardenal Joseph Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quien en 2005 sería elegido papa con el nombre de Benedicto XVI. La carta contó con la aprobación de Juan Pablo II y se presentó como una clarificación doctrinal tras la declaración de 1975 sobre ética sexual.
El documento distinguía entre la inclinación homosexual, calificada de «objetivamente desordenada», y los actos homosexuales, considerados «intrínsecamente desordenados» desde la moral católica. La Congregación sostenía que dichos actos no podían recibir aprobación moral de ningún tipo.
La carta apoyaba esta posición en una exégesis bíblica que afirmaba una «evidente coherencia dentro de las Escrituras mismas sobre el comportamiento homosexual». Tomaba el Génesis como referencia teológica central, recordando que Dios «crea al hombre a su imagen y semejanza como varón y hembra», para sostener que «sólo en la relación conyugal puede ser moralmente recto el uso de la facultad sexual».
A juicio del documento, «la actividad homosexual no expresa una unión complementaria, capaz de transmitir la vida, y por lo tanto contradice la vocación a una existencia vivida en esa forma de auto-donación que, según el Evangelio, es la esencia misma de la vida cristiana». Y añadía que tal actividad «impide la propia realización y felicidad porque es contraria a la sabiduría creadora de Dios».
En materia pastoral, el documento señalaba que las personas homosexuales «están llamadas a vivir la castidad», al igual que cualquier otro cristiano. Proponía que «para el creyente la cruz es un sacrificio fructuoso», e invitaba a quienes tenían «inclinación homosexual» a «unir al sacrificio de la cruz del Señor todo sufrimiento y dificultad que puedan experimentar a causa de su condición».
Al mismo tiempo, la carta condenaba explícitamente las «expresiones malévolas y acciones violentas» contra personas homosexuales y afirmaba que «la dignidad propia de toda persona siempre debe ser respetada en las palabras, en las acciones y en las legislaciones». Pero advertía también que los obispos debían mantenerse «vigilantes en relación con aquellos programas que de hecho intentan ejercer una presión sobre la Iglesia para que cambie su doctrina».
El texto de 1986 alertaba sobre la existencia de «grupos de presión con diversos nombres» que pretendían «acreditarse como representantes de todas las personas homosexuales que son católicas». Su objetivo, según el documento, era «mantener bajo el amparo del catolicismo a personas homosexuales que no tienen intención alguna de abandonar su comportamiento homosexual».
La carta pedía a los obispos que «no dejarán de solicitar la colaboración de todos los teólogos católicos» para ahondar en el significado de la sexualidad humana y el matrimonio cristiano, y que rechazaran «las opiniones teológicas que son contrarias a la enseñanza de la Iglesia y que, por lo tanto, no pueden servir de normas en el campo pastoral».
Entre las voces más críticas figura la de la religiosa Jeannine Gramick, cofundadora de New Ways Ministry, organización que desde sus orígenes ha cuestionado la doctrina oficial. Gramick describió así la reacción que la carta provocó en su momento: «Nos horrorizamos cuando la leímos, aunque diría que no nos sorprendió».
Francis DeBernardo, director ejecutivo de New Ways Ministry, fue más contundente. «Me quedé realmente conmocionado», declaró, añadiendo que el documento le pareció «tan poco católico». La crítica de DeBernardo refleja la posición de quienes sostienen que la doctrina de la carta contradice los fundamentos de la fe católica orientados a la aceptación y el amor.
Las declaraciones de Gramick y DeBernardo ponen de manifiesto que, cuatro décadas después de su publicación, la carta de 1986 sigue siendo objeto de duras críticas por parte de representantes de New Ways Ministry que rechazan la enseñanza tradicional de la Iglesia sobre la homosexualidad.
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