El cardenal Gracias defiende la sinodalidad como don para Asia

El cardenal Gracias defiende la sinodalidad como don para Asia

El cardenal Gracias presenta la sinodalidad como la respuesta de la Iglesia asiática a los desafíos de guerra, violencia y fragmentación social.

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El cardenal Oswald Gracias, arzobispo emérito de Bombay, inauguró el 21 de julio la 12ª Asamblea Plenaria de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia (FABC) en Yakarta, Indonesia, con un llamado contundente a la sinodalidad como don transformador para la Iglesia y la sociedad asiática.

Ante más de 100 cardenales, obispos y delegados de todo el continente, Gracias describió la sinodalidad como "uno de los mayores dones de la Iglesia al mundo", pero con urgencia: el continente asiático enfrenta guerras, violencia y fragmentación social que demandan una respuesta eclesial profunda. "Nuestra misión es convertirnos en constructores de puentes. La Iglesia está llamada a construir puentes", afirmó, estableciendo la sinodalidad como el método concreto para esta construcción.

Sinodalidad frente a la fragmentación global

El cardenal conectó directamente los desafíos políticos y sociales del mundo actual con la necesidad de una Iglesia que camine junta. Refiriéndose a la descripción del Papa sobre la realidad mundial como "una Tercera Guerra Mundial librada por partes", Gracias presentó la sinodalidad no como un proceso administrativo, sino como una respuesta profética a la fragmentación. En un contexto de conflictos, desigualdad y ruptura social, caminar juntos en la fe se convierte en testimonio de unidad que la sociedad necesita desesperadamente.

La celebración eucarística de apertura reflejó esta visión sinodal con una liturgia enriquecida por la diversidad. La oración de los fieles se realizó en múltiples idiomas —javanés, mentawaí, chino mandarín, benawas dayak y sumba—, visibilizando cómo la sinodalidad abraza y celebra las diferencias en lugar de uniformarlas.

Raíces asiáticas de la sinodalidad

Un aspecto central de la intervención del cardenal fue su argumentación de que la sinodalidad no es un importación occidental, sino que hunde raíces profundas en las culturas asiáticas. Gracias destacó que "el espíritu de caminar juntos ha sido parte integral de las culturas asiáticas a través de la vida familiar y los valores comunitarios". Esta conecta la tradición conciliar de la Iglesia con el patrimonio de Asia, legitimando la sinodalidad como respuesta autóctona y no impuesta.

El cardenal fue acompañado en el altar por el cardenal Stephen Chow Sau-yan (Hong Kong) y el cardenal Virgilio do Carmo da Silva (Timor-Leste), simbolizando la sinodalidad episcopal en acción: líderes de distintas tradiciones y contextos asiáticos unidos en la misma misión.

Discernimiento sinodal ante los signos de los tiempos

La FABC, según Gracias, no es simplemente un órgano administrativo sino un espacio de discernimiento sinodal colectivo. La asamblea, que durará una semana, tiene la tarea de que las Iglesias locales de Asia "disciernan los signos de los tiempos y renueven su compromiso de proclamar el Evangelio". Esto implica que la sinodalidad no es un fin en sí mismo, sino un método para escuchar juntos lo que el Espíritu pide a la Iglesia asiática en este momento de crisis global.

La Letanía de los Santos invocó a mártires y confesores de toda Asia —desde China hasta Afganistán—, recordando que esta tradición sinodal tiene antecedentes profundos en la historia del martirio y la santidad asiática. La sinodalidad no es novedad: es recuperación de una forma de estar juntos arraigada en la fe asiática.

Llamada a la creatividad sinodal

Gracias concluyó su intervención animando a los delegados a "buscar formas innovadoras y creativas para construir la paz y la fraternidad" en el continente. No se trata de reproducir modelos europeos, sino de que las Iglesias de Asia generen respuestas sinodales propias que dialoguen con sus contextos específicos: desde la persecución religiosa en algunos países hasta la presencia minoritaria en otros.

El cardenal bendijo la asamblea y a Asia con palabras cargadas de esperanza: "Que Dios bendiga a la FABC. Que Dios bendiga a Asia", dejando clara la convicción de que la sinodalidad es el camino por el que Dios desea que la Iglesia asiática camine en estas décadas.

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