Las autoridades jordanas han detenido a dos hermanos y su cuñado, presuntos autores del ataque a la iglesia ortodoxa de San Jorge que causó nueve muertos; uno de los detenidos se halla en estado crítico tras enfrentamiento armado.

El boletín de hoy
Martes, 27 de octubre
Las fuerzas de seguridad jordanas detuvieron el lunes 26 de octubre a dos hermanos y su cuñado como presuntos autores del ataque perpetrado el viernes anterior contra la iglesia griega ortodoxa de San Jorge en la aldea de Hamud, provincia de Karak, a unos 120 kilómetros al suroeste de Ammán. El atentado dejó nueve muertos y entre 25 y 40 heridos entre los asistentes a una ceremonia fúnebre en la que participaban tanto cristianos como musulmanes.
Los tres sospechosos fueron hallados en una casa abandonada de la misma provincia. Se resistieron a la detención y abrieron fuego contra los agentes; estos respondieron y lograron reducirlos. Los tres resultaron heridos en el intercambio de disparos, sin que ningún miembro de las fuerzas del orden sufriera bajas. Según la televisión pública jordana Al Mamlaka, uno de los arrestados se encuentra en estado grave, mientras los otros dos evolucionan de forma estable. En el registro se incautaron varias armas de fuego y munición.
El director de la Seguridad Pública jordana, el general de división Obeidallah al-Maaytah, confirmó que los detenidos comparten la ideología «takfiri», corriente del integrismo islámico que tacha de apóstatas a quienes no suscriben determinadas interpretaciones religiosas y que suele asociarse a organizaciones como el Estado Islámico o Al Qaeda. Al-Maaytah apuntó que, por el momento, todo indica que los tres actuaron por su cuenta: "Que Dios quiera, solo se representan a sí mismos".
El ministro del Interior, Mazen al-Faraya, subrayó que la investigación sigue abierta y que hasta la fecha no hay indicios de vínculos con otras células. "El expediente no está cerrado; las pesquisas siguen en curso. A día de hoy no existen indicios de conexión con otras redes", declaró. El ataque del viernes no ha sido reivindicado por ningún grupo terrorista.
La reacción institucional fue inmediata. El rey Abdalá II ordenó a las fuerzas de seguridad actuar con "puño de hierro" y, tras conocerse las detenciones, publicó en la red social X que Jordania había jurado que "los terroristas no escaparían al castigo" y que no se toleraría a "ningún defensor de ideologías oscuras que dividen a los jordanos". El portavoz del Gobierno y ministro de Comunicación, Mohammed al-Momani, escribió también en X que "Jordania venga la sangre de sus mártires" y que en el reino no hay lugar para el terrorismo.
El ministro del Interior anunció que el Gobierno está revisando todas las circunstancias que llevaron a los tres acusados hacia el extremismo y advirtió de que se exigirán responsabilidades a cuantos resulten implicados. El primer ministro jordano, Yafar Hasán, había señalado mientras se buscaba a los sospechosos que las autoridades perseverarán en sus esfuerzos por erradicar el extremismo, el fanatismo y la ideología «takfiri». Jordania decretó tres días de luto nacional desde el viernes, con banderas a media asta en edificios gubernamentales y públicos. La reina Ranía visitó a supervivientes y familiares de las víctimas; el rey acudió al hospital de Karak para estar junto a los heridos.
El Patriarcado Latino de Jerusalén condenó el atentado calificándolo de "acto terrorista cobarde" que "profanó el carácter sagrado de un lugar de culto y vulneró el derecho fundamental a la vida, a la seguridad y a la libertad religiosa". El Patriarcado Greco-Ortodoxo de Jerusalén rechazó por su parte cualquier intento de expulsar a los cristianos de su tierra: "Si este mensaje pretende arrancarnos de nuestra Tierra Santa y desplazarnos, solo logrará reforzar nuestro arraigo y afianzar aún más nuestra fe en ella".
Ocho de las nueve víctimas mortales recibieron sepultura en una fosa habilitada frente a la propia iglesia de San Jorge en Hamud. El cortejo fúnebre estuvo presidido por el patriarca Teófilo III de Jerusalén, de la Iglesia Ortodoxa Griega, y contó con la presencia del primer ministro jordano.
Jordania, país de mayoría musulmana suní con una población de alrededor de 11,5 millones de habitantes, alberga una minoría cristiana que representa aproximadamente el 3% de la población. La gran mayoría pertenece a la Iglesia Ortodoxa Griega, seguida de los católicos de distintos ritos —greco-católicos melquitas, latinos y romanos—, protestantes, coptos, siriacos y armenios.
La provincia de Karak cuenta con una nutrida comunidad cristiana. En diciembre se cumplirán diez años de otro ataque en esa misma zona, aquel reivindicado por el Estado Islámico, en el que murieron 14 personas, entre ellas una ciudadana canadiense. Aunque episodios de esta naturaleza son sumamente infrecuentes en el reino, considerado un aliado relativamente estable de Estados Unidos en Oriente Medio, las fuerzas de seguridad llevan años desarticulando periódicamente redes vinculadas al extremismo islamista, así como redes de contrabando de armas y drogas procedentes de países vecinos.
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