COORDINADOR VIAJE LEON XIV A ESPAÑA

Yago de la Cierva detalla los desafíos y logros del viaje del Papa León XIV a España

El coordinador del viaje apostólico revela cómo la escasez de comida, una avería aérea y noventa y cinco enfermos marcaron la visita entre bastidores.

Yago de la Cierva detalla los desafíos y logros del viaje del Papa León XIV a España
Yago de la Cierva, coordinador del viaje del Papa León XIV a España, relata sus entresijos
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Yago de la Cierva, profesor español especializado en comunicación y gestión de crisis y docente en la Universidad de Villanueva, ejerció como coordinador general del viaje apostólico del Papa León XIV a España en 2026, un encargo que le llevó a gestionar miles de personas, cuatro diócesis, escenarios de gran formato y una crisis aérea en pleno desarrollo de la visita. En declaraciones recogidas por Rome Reports en Español, De la Cierva ofreció un relato pormenorizado de lo que ocurrió entre bastidores durante unos días que, a su juicio, convirtieron a León XIV en papa ante los ojos del mundo.

Para De la Cierva, el éxito de la visita no residió principalmente en la maquinaria organizativa, sino en la conjunción entre el propio pontífice y el pueblo español. «Lo más importante en una fiesta no es la comida, no es la bebida, no es la música, no es la temperatura. Lo más importante de una fiesta son los invitados», afirmó, para concluir que la organización estuvo al servicio de ese encuentro, como quien presenta a dos personas que se caen bien. León XIV era, a su llegada, un papa relativamente desconocido para los españoles —llevaba apenas un año de pontificado—, y el trabajo previo en redes sociales fue, según De la Cierva, el factor silencioso que preparó el terreno: dio a conocer su biografía, sus prioridades y el sentido de la visita con suficiente antelación como para que la gente fuera conectando con él antes de que aterrizara.

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A ello se sumó que el Papa Francisco había decidido no visitar España, lo que generó cierto malestar entre los españoles. Que León XIV llegara después de quince años sin visita papal contribuyó a que la acogida fuera especialmente cálida. El coordinador subrayó también el tono elegido por el pontífice en sus discursos: en lugar de señalar los errores del país o de la Iglesia, optó por evocar momentos estelares de la historia española. El discurso en el Parlamento fue, en palabras de De la Cierva, «una exaltación a España», a la que siguió una lista de deberes para el futuro.

En la distancia corta, De la Cierva pudo observar varios rasgos del Papa que le llamaron la atención. El primero: León XIV prefiere escuchar a hablar. «Si quieres que el Papa te diga algo, cállate, porque prefiere que tú hables», señaló. El segundo: su capacidad de atención plena hacia cada persona que le saluda, una concentración que De la Cierva interpretó como oración. El tercero: su negativa a tener prisa. Cuando el responsable del protocolo papal le advirtió de que iban a llegar tarde durante el saludo a un grupo de 95 enfermos situados en la nunciatura el primer día de la visita en Madrid, el Papa respondió: «No tenemos prisa.» De la Cierva reconoció que ese grupo había sido presentado a la Santa Sede como una simple bendición de salida, pero que en realidad eran 95 enfermos. El Papa saludó a cada uno de ellos.

También recordó el sentido del humor del pontífice. En un momento de distensión tras un discurso a los obispos españoles, alguien le puso un micrófono y le pidió que dijera algo más. León XIV contó que, antes de viajar a España, había consultado a la inteligencia artificial qué debería decirles a los obispos españoles, y que el sistema le había respondido hablando del Papa Francisco. Ante eso, el Papa dijo con ironía: «Creo que hay otro papa.» De la Cierva sacó su propia conclusión del episodio: que el pontífice estaba usando la versión gratuita de la herramienta, no la de pago, lo que a su juicio era coherente con su espíritu misionero. «A los periodistas que le acompañaban les dije: "Oye, pagadle la suscripción premium, por favor"», bromeó.

Sobre el incidente con el avión de Iberia —que no pudo despegar de las Islas Canarias por una alerta en uno de sus motores, que resultó ser un sensor defectuoso—, De la Cierva fue explícito en su defensa de la compañía: «Felicité a Iberia», dijo, porque la aerolínea actuó conforme a su criterio fundamental, que es la seguridad. El motor estaba en perfecto estado y ese mismo avión había volado esa mañana, pero el sensor indicó un problema y la compañía no lo ignoró. La única crítica que De la Cierva formuló fue que Iberia no disponía de un avión de sustitución en las islas, sino a tres horas de distancia en la península. Se exploró también si la compañía local Winter tenía una aeronave disponible, pero no era suficientemente grande para transportar a todo el grupo.

Mientras se intentaba resolver la situación, el Papa —que había desayunado muy poco esa mañana, apenas yogur, cereales y café, y no había almorzado porque se esperaba que lo hiciera en el avión— llevaba desde las 4:15 de la tarde sin comer. La misa se había prolongado y el almuerzo había quedado sin servir. El rey de España, que estaba en la fila de despedida junto al resto del grupo, se acercó al pontífice y le ofreció refugio en una sala donde se había preparado algo por si acaso. El Papa se resistió inicialmente, preocupado por sus colaboradores, que tendrían que esperar en un avión más pequeño, pero estos le convencieron de que era mejor que él se marchara. Días después, León XIV envió una carta a Iberia agradeciéndoles el trato recibido durante toda la visita.

De la Cierva mencionó también que el piloto del vuelo de Madrid a Barcelona invitó al Papa a entrar en la cabina, le preparó un asiento y le dijo: «Usted aquí no tiene ninguna responsabilidad, ha venido a disfrutar.» El Papa, al que le gustan los motores y la mecánica, pasó un rato distendido preguntando para qué servía cada mando y pudo hablar con el piloto del F-18 que escoltaba el avión. Fue, según De la Cierva, un momento de relax tras cuatro días muy intensos en Madrid. Iberia, además, transportó gratuitamente a todas las personas que acompañaban al pontífice en los cuatro itinerarios del viaje.

Entre los problemas logísticos que no trascendieron al público, De la Cierva citó la lentitud de la empresa encargada de montar los escenarios en Madrid: el primero fue entregado el día anterior al acto, y el segundo —el de la misa del domingo en la plaza de Colón— llegó la noche antes, lo que impidió realizar los ensayos en el lugar previsto. Mencionó también dificultades con el sistema informático de inscripciones, con la coordinación entre las cuatro diócesis implicadas y con la obtención de todos los patrocinios. En la ronda de respuestas rápidas al final de la entrevista, identificó como el momento más tenso del viaje no saber si el escenario de Colón estaría terminado a tiempo.

En el ámbito de la comunicación, De la Cierva apuntó que la clave fue anticipar las necesidades de los periodistas: un buen centro de prensa, canales fluidos, buenas tribunas y disponibilidad permanente. Consideró que los medios españoles se comportaron con respeto y que las críticas que hubo no fueron al viaje en sí, sino a las posiciones del Papa sobre cuestiones como la defensa de la vida, la atención a los migrantes o el rechazo al aborto. «Si me critican, que me critiquen por lo que realmente represento», dijo, parafraseando su propia filosofía de comunicación. Sí reconoció que la gestión del asunto de los abusos no fue del todo satisfactoria: la Santa Sede tardó en anunciar que habría un encuentro con víctimas, lo que generó tensión innecesaria. Señaló que en Francia, para el viaje posterior, ese encuentro fue anunciado con tres meses de antelación, y valoró positivamente que la Santa Sede estuviera incorporando las lecciones aprendidas en España.

Sobre la Sagrada Familia, De la Cierva precisó que la Fundación llevaba dos años preparando el acto, sabiendo de antemano cuándo se cumpliría el centenario de la muerte de Antoni Gaudí y cuándo quedaría terminada la torre de Jesucristo. Primero aseguraron la presencia del Papa Francisco y luego la de León XIV. El gobierno catalán financió ese capítulo de la visita por el valor turístico y cultural del monumento, que ya era el más visitado de España y que, a juicio de De la Cierva, se ha consolidado como icono global tras las imágenes generadas durante la visita papal.

De la Cierva explicó que la visita contó con dos coordinadores generales: él como principal y un adjunto con funciones equivalentes. Ambos reconocieron haber querido dimitir en varias ocasiones, pero nunca al mismo tiempo: cuando uno flaqueaba, el otro sostenía. Cuando quedaban cuatro semanas para el inicio del viaje, los dos quisieron abandonar a la vez, pero ya no podían. Describió también la metodología que aplicó: dividir el trabajo por fases y por responsables, de modo que cuando faltaban siete días para el inicio, cada persona supiera exactamente qué tenía que hacer y pudiera resolverlo sin necesidad de escalar decisiones. «Un viaje papal es como comerse un elefante: el único modo es dividirlo en trocitos», resumió. Contó con la experiencia acumulada en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid en 2011, el Encuentro Mundial de las Familias de Filadelfia en 2015 y la JMJ de Cracovia, entre otros eventos.

Preguntado por qué quiso decir cuando afirmó que «el Papa se hizo papa en España», De la Cierva explicó que León XIV había realizado antes tres viajes: uno heredado del Papa Francisco —a Turquía, al que él añadió el Líbano—, uno breve a Mónaco y uno de mayor calado a cuatro países africanos. España fue diferente. El propio pontífice tomó la iniciativa de ir a Madrid sin que el arzobispo de la ciudad se lo pidiera: fue él quien comunicó al cardenal de Madrid su deseo de visitar la capital, argumentando que quería usar una gran metrópolis europea para lanzar mensajes a todo el continente. Podría haber elegido Berlín u otra ciudad, pero eligió Madrid. En España, León XIV habló por primera vez con políticos europeos, en muchos casos situados en las antípodas de la antropología cristiana, y lo hizo, según De la Cierva, «extremadamente bien».

Mirando al próximo viaje —a Uruguay, Argentina y Perú—, De la Cierva anticipó que cada destino tiene su propia complejidad. El regreso de León XIV a Perú, su país de origen, será, en sus palabras, «sobrecogedor». Uruguay no recibe a un papa desde 1988, casi dos generaciones. Y Argentina presenta una doble dimensión: la eclesial, marcada por la figura del Papa Francisco, a quien muchos argentinos querían y muchos otros no, y la política, con el presidente Javier Milei como interlocutor en un panorama muy distinto al de años anteriores.

En la ronda final de respuestas breves, De la Cierva identificó el saludo del Papa a los enfermos como el mejor momento del viaje, la inauguración de la Sagrada Familia como la imagen que más le quedó grabada, y la reacción de la gente como lo que mejor salió respecto a sus expectativas. Lo primero que hizo al llegar a casa cuando terminó todo fue meterse en la cama. Para definir a León XIV eligió una sola palabra: amable. Para definir lo que es organizar un viaje papal, eligió otra: la locura.

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