El obispo Athanasius Schneider responde a declaraciones del Papa León XIV sobre participación en la Misa Latina tradicional, argumentando que el Pontífice no comprende cómo se celebra realmente el Novus Ordo contemporáneo.
El obispo Athanasius Schneider ha respondido públicamente a las declaraciones del Papa León XIV, realizadas durante una audiencia general el pasado 26 de agosto, en las que el Pontífice sugirió que los fieles participaban de manera menos "consciente" en la Misa Latina antes de las reformas litúrgicas post-conciliares. Schneider, en una entrevista publicada el 2 de septiembre en AdVaticanum, argumentó que las observaciones del Papa no reflejan la "verdadera realidad" de cómo se celebran la mayoría de las Misas del Novus Ordo en la actualidad, planteando una confrontación significativa sobre la hermenéutica conciliar de la reforma litúrgica.
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Durante la entrevista, Schneider fue cuestionado directamente sobre los comentarios del Papa, que insinuaban que los asistentes a la Misa Tradicional Latina (TLM) eran "extraños y espectadores silenciosos", sugiriendo que esto se debía primariamente al uso del latín y a la presencia de partes silenciosas en la liturgia. El obispo subrayó con contundencia que el Papa no comprendió adecuadamente cómo se llevan a cabo la mayoría de las Misas del Novus Ordo en la actualidad, las cuales, según su análisis, se desvían significativamente de las intenciones que el Concilio Vaticano II había originalmente previsto para la reforma litúrgica.
Schneider citó extensamente el Misal Romano de 1965, el primero publicado tras la conclusión del Concilio, para enfatizar que los Padres Conciliares nunca tuvieron la intención de que la Misa se celebrara completamente en lengua vernácula, como ocurre actualmente en la mayoría de las Misas del Novus Ordo. Además, destacó con énfasis que los Padres del Concilio no habrían anticipado ni aprobado la pérdida del silencio sagrado durante la Misa, lo que, según Schneider, dificulta sustancialmente que los fieles puedan entrar en una profunda oración contemplativa e interior.
"Hoy en día, más del 90 por ciento de las Misas del Novus Ordo se celebran en la lengua vernácula. Y hay incluso diócesis donde, cuando los sacerdotes desean celebrar el Novus Ordo en latín, son castigados y se les prohíbe. Esto es una absurdidad", afirmó Schneider con claridad pastoral. El obispo también mencionó que hay personas que genuinamente desean permanecer en silencio durante la Misa para poder contemplar interiormente, y que la contemplación constituye una dimensión esencial de la participación litúrgica válida.
El obispo continuó explicando que, aunque no se espera que toda la comunidad permanezca en silencio durante la liturgia, es importante reconocer teológicamente la posibilidad legítima de que algunos fieles prefieran la contemplación en lugar de la verbalización constante. "Puede haber participación activa, que resulta infructuosa si no hay participación interior", argumentó Schneider, estableciendo una distinción crucial entre actividad externa y profundidad espiritual.
Al referirse específicamente al Misal de 1965, Schneider indicó que los Padres del Concilio estaban generalmente satisfechos con esta "reforma orgánica cuidadosa", que preservaba en gran medida la estructura y solemnidad de la Misa tradicional, eliminando únicamente el Salmo 42 y el Último Evangelio, mientras permitía un uso más amplio pero equilibrado de la lengua vernácula. Esta reforma gradual representaba, según Schneider, la verdadera intención conciliar respecto a la evolución litúrgica.
"Así, la primera parte de la Misa, hasta el Prefacio, se celebraba en lengua vernácula. Y después del Canon, nuevamente en lengua vernácula. Por lo tanto, desde el Prefacio hasta el final del Canon, todo era en latín. Era obligatorio que estas partes se celebraran en latín", explicó Schneider con precisión histórica. "En la Misa de 1965, el Canon se decía en silencio. Fue una reforma muy cuidadosa, y los Padres del Concilio estaban contentos con esto", agregó, estableciendo que esta estructura representaba el verdadero compromiso conciliar entre tradición y renovación moderada.
Esta configuración litúrgica permitía, según Schneider, una participación equilibrada: oración vernácula accesible en las partes introductoria y postcomunional, pero conservación del latín sagrado y el silencio en el núcleo eucarístico del Canon, preservando así tanto la inteligibilidad como la solemnidad contemplativa.
Finalmente, Schneider recordó un hecho histórico que considera determinante: en 1967, durante el primer Sínodo de Obispos, el cardenal Bugnini presentó el borrador de la nueva Misa que se implementaría en 1969, pero la mayoría de los Padres del Sínodo rechazaron explícitamente este borrador. "Así que se puede ver que una mayoría de los Padres del Sínodo en 1967, que aún eran Padres del Concilio dos años antes, no aprobaron la Misa de 1969", enfatizó Schneider, citando este rechazo como evidencia de que incluso los Padres Conciliares mismos rechazaron la reforma más radical implementada posteriormente.
"Me hubiera gustado que el Papa León hubiera estudiado esto antes de hacer su discurso: estudiar todos estos elementos de la historia y los hechos, leer los debates y escuchar a los testigos", concluyó el obispo Schneider, instando al Pontífice a profundizar en la documentación histórica conciliar antes de hacer afirmaciones sobre la intención originaria de la reforma litúrgica. La crítica de Schneider representa una confrontación frontal sobre la interpretación hermenéutica válida de la reforma conciliar y su implementación histórica.
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