El cardenal Brandmüller sugiere devolver a los sínodos regionales su papel central, argumentando que las conferencias episcopales han adoptado estructuras políticas alejadas de la autenticidad eclesial.

El cardenal Walter Brandmüller, presidente emérito de la Pontificia Comisión para las Ciencias Históricas, ha manifestado su preocupación por la deriva de las conferencias episcopales a lo largo de los últimos siglos. En un artículo publicado en el blog del periodista vaticano Sandro Magister, el cardenal advierte de que desde finales del siglo XIX, sobre todo en Europa, estas conferencias han adoptado formas y procedimientos calcados de modelos políticos, expresión de una secularización progresiva en la comprensión de la Iglesia.
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Sábado, 31 de octubre
Brandmüller defiende que, frente a ese modelo político, resulta necesario devolver a los sínodos de las Iglesias particulares su importancia original, por cuanto se ajustan a estructuras jerárquicas genuinamente eclesiales. Las conferencias episcopales, al coincidir con fronteras políticas, han ido desplazando el papel que los sínodos deberían ocupar en la vida de la Iglesia, según el cardenal.
La intervención llega cuando la sinodalidad centra buena parte del debate eclesial interno. La propuesta de Brandmüller apunta a revitalizar la función de los sínodos como ámbitos propios de encuentro y decisión episcopal, al margen de la lógica administrativa que, a su juicio, impregna hoy las conferencias. El cardenal defiende que las estructuras de la Iglesia deben permanecer ancladas en sus fundamentos teológicos, sin ceder a las presiones del entorno político contemporáneo, según expone en su artículo.
El modelo que se reivindica es el sínodo provincial, que reúne a los obispos de una provincia eclesiástica bajo la presidencia del metropolitano y cuyas responsabilidades consultivas y decisionales se refieren a la vida de la Iglesia ad intra: la doctrina de la fe, los sacramentos, la liturgia y la acción pastoral, frente a la orientación ad extra de la conferencia episcopal. El texto sitúa como motivo de gran preocupación la usurpación del obispo individual por medio de un aparato burocrático asfixiante, algo que Juan Pablo II ya advirtió con el motu proprio Apostolos suos del 1 de mayo de 1998. El cardenal ya se había pronunciado contra los borradores aprobados en la asamblea plenaria del Camino Sinodal alemán celebrada en Frankfurt, en la que los participantes, entre ellos la mayoría de los obispos alemanes, votaron por amplias mayorías a favor de bendecir las uniones del mismo sexo, de cambiar el Catecismo sobre la homosexualidad y la ordenación de mujeres sacerdotes, del celibato opcional en la Iglesia latina y de la participación laica en la elección de obispos.