
Schönborn sostiene que la carta papal de León XIV fue ignorada en el camino sinodal alemán y advierte que las reformas sin fe son una ilusión
El boletín de hoy
Jueves, 8 de octubre
El cardenal Christoph Schönborn, retirado el año pasado tras tres décadas al frente del arzobispado de Viena, ha reflexionado en una entrevista reciente sobre la renovación de la Iglesia y el proceso del «Synodalen Weg» alemán. Su diagnóstico es claro: la «Carta del Papa León XIV al pueblo de Dios en Alemania» no recibió la atención que merecía durante el desarrollo del camino sinodal.
«Si el mensaje del Papa León XIV hubiera sido el leitmotiv del 'Synodalen Weg', no estaríamos en las dificultades actuales que enfrenta este proceso», afirmó el cardenal en una conversación con el diario «Tagespost» el pasado jueves. Aun así, no cerró la puerta a la esperanza: «no es demasiado tarde».
En aquel escrito de 2019, el Papa León XIV, cuyo pontificado se extendió entre 2013 y 2025, había expresado su preocupación por las intenciones del «Synodalen Weg», pidiendo unidad y evangelización sin llegar a prohibir el proceso reformista. El texto ha sido objeto de lecturas muy distintas a lo largo de los años.
Schönborn advirtió que confiar en que los cambios estructurales bastan por sí solos para renovar la Iglesia es «una ilusión». A su juicio, «la verdadera fuerza proviene de la fe vivida, de los sacramentos». El cardenal señaló también la vitalidad de numerosos movimientos de renovación presentes hoy en la Iglesia: las órdenes tradicionales, las nuevas comunidades espirituales, la «Katholische Aktion» y tantas personas que viven su fe con autenticidad en circunstancias difíciles.
«En el jardín de Dios florecen muchas flores, pero también hay que desherbar, ya que crece la maleza», apuntó el exarzobispo de Viena, recurriendo a una imagen del huerto para hablar de la necesidad de discernimiento en los procesos de reforma eclesial.
Sobre su eventual papel en Roma, Schönborn se mostró aliviado por no haber asumido responsabilidades que le hubieran obligado a trasladarse al Vaticano. «Estoy agradecido de no haber tenido que seguir ese camino, ya que no me veo tanto en el escritorio, quizás para la teología, pero no para tareas administrativas», declaró.
Se abstuvo de juzgar el pontificado de León XIV: «¿Quién soy yo para calificar a los papas? Me alegra no recibir calificaciones demasiado negativas de ellos». Reconoció que la historia evalúa también los errores y las debilidades de los papas, pero subrayó que «el misterio del oficio petrino es mucho más fuerte».
El cardenal abordó el fin de la «hegemonía de Europa» en la Iglesia y en el mundo como «una justicia histórica», y consideró positivo que Europa haya dejado de dominar el planeta, pues ese dominio «no fue tan glorioso». Subrayó, no obstante, que el continente conserva un patrimonio espiritual y religioso que aún puede ofrecer, aunque para ello debe aprender también a recibir.
«Hoy, Europa es el museo del mundo. La gente viene de todas partes para admirar Europa, pero en este museo todavía hay una fe viva», concluyó Schönborn, para añadir que «la fuerza de la que Europa ha derivado sus grandes logros y su cultura es el Evangelio».
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