La Limosnería vaticana continúa su labor humanitaria con el envío de ayuda a Ucrania.
El agustino Luis Marín de San Martín, nuevo Limosnero pontificio desde el 12 de marzo de 2026, ha participado en el envío del camión número 150 de ayuda humanitaria a Ucrania, un esfuerzo que se ha mantenido desde el inicio del conflicto en 2022. Este acto tuvo lugar en la basílica grecocatólica de Santa Sofía en Roma, donde Marín estuvo acompañado por el rector de la basílica, Marco Semehen.
Marín, quien anteriormente se desempeñó como subsecretario del Sínodo de los obispos, asume ahora la responsabilidad de continuar con las obras de caridad pontificias, heredando la labor de su predecesor, el cardenal Konrad Krajewski, quien recientemente fue nombrado arzobispo en Lodz, Polonia. En esta ocasión, el camión enviado está cargado de medicamentos, principalmente antibióticos y antiinflamatorios, que serán distribuidos a hospitales en Ucrania a través de redes de voluntarios locales.
El Limosnero ha destacado que la ayuda está destinada a "los más vulnerables, los enfermos y los niños", y ha subrayado la importancia de los donativos recibidos de parroquianos y grupos de diversas comunidades. Marco Semehen, por su parte, ha valorado la continuidad de esta labor solidaria, afirmando que "la caridad del Papa hacia quienes sufren por la guerra continúa tanto con la oración como con acciones concretas".
Marín ha enfatizado que la labor de la Iglesia no se limita a la teoría, sino que se manifiesta en acciones concretas de caridad, lo que le genera una gran satisfacción al ver la generosa participación de la comunidad. Además, ha señalado la importancia de crear una red de apoyo para responder de manera más eficaz a las necesidades de las personas afectadas por la guerra.
En paralelo, la Limosnería apostólica ha enviado recientemente un cargamento de 15,000 cajas de medicamentos a Líbano, que serán distribuidas a través de la nunciatura de Beirut. Estos medicamentos son esenciales para tratar diversas patologías agudas y crónicas, lo que refleja el compromiso de la Iglesia en la atención a las necesidades de los más desfavorecidos en diferentes regiones del mundo.
