Un acto de cercanía y esperanza en un lugar emblemático para la fe católica.
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El Papa León XIV visitó el 8 de mayo de 2026 el santuario de la Bienaventurada Virgen María del Santo Rosario de Pompeya para conmemorar el primer aniversario de su pontificado, en una jornada que coincidió con la festividad de Nuestra Señora de Pompeya. El encuentro reunió a numerosos enfermos y necesitados en el templo italiano, a quien el Pontífice había invocado en su primera aparición pública tras su elección.
Procedente del Vaticano en helicóptero, León XIV llegó a la ciudad de Pompeya, en la región de Campania, alrededor de las 9 de la mañana. Miles de fieles lo recibieron en la plaza Bartolo Longo, dedicada al fundador del santuario, canonizado el año anterior. Pese a la amenaza de lluvia, los asistentes demostraron gran entusiasmo por la presencia del Papa en una ciudad marcada por la devastación que causó la erupción del monte Vesubio en el año 79 d.C.
En el Templo de la Caridad, el Pontífice dirigió palabras de afecto a los enfermos y necesitados, expresando que se sentía "el primero en ser bendecido" por poder estar con ellos en un espacio tan cargado de espiritualidad. Antes de su intervención, varios padres de familia compartieron testimonios sobre cómo el trabajo de voluntarios y religiosos había transformado sus existencias. Entre los relatos destacó el de una madre soltera y el de un matrimonio que adoptó a dos niños con discapacidad.
El Papa enfatizó la centralidad del amor y la esperanza, afirmando que "el poder de la Resurrección de Cristo regenera los corazones para la buena vida del Evangelio". Subrayó asimismo que el amor "opera milagros que van mucho más allá de todo esfuerzo y expectativa". León XIV pidió a los presentes rezar el Santo Rosario, al que describió como "el motor oculto que hace posible todo", e instó a los jóvenes a confiar en Jesús como "el amigo que nunca nos abandona".
Antes de presidir la misa en el santuario, el Papa saludó a los fieles con un entusiasta "¡Buenos días, Pompeya! Nuestra Madre María siempre está con nosotros". Concluida la celebración, estaba previsto que se trasladara a Nápoles, a unos 25 kilómetros de distancia, para encontrarse con miembros del clero y religiosos en la catedral de la ciudad y dirigirse posteriormente al público en la Piazza del Plebiscito.
