Un episodio singular en la vida del Papa León XIV se ha viralizado tras una llamada a un banco estadounidense donde una empleada cortó la comunicación creyendo que era una broma.
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El Papa León XIV protagonizó una anécdota inusual que ha trascendido a los medios internacionales. Hace dos meses, poco después de su elección como Pontífice, intentó actualizar sus datos personales en una entidad bancaria estadounidense. La llamada terminó de forma abrupta cuando la empleada, convencida de que se trataba de una broma, colgó el teléfono.
El relato lo compartió el sacerdote Tom McCarthy, amigo cercano del Pontífice, durante un encuentro católico celebrado en Naperville, Illinois. Según su versión, el Papa decidió gestionar personalmente el trámite sin intermediarios. Se identificó como Robert Prevost y respondió correctamente todas las preguntas de seguridad que le formuló la empleada. Cuando le comunicaron que el cambio de datos requería una visita presencial a una sucursal, el Pontífice se encontró ante un obstáculo inesperado.
Incapaz de desplazarse físicamente, el Papa intentó explicar su situación especial. Ante la negativa de la empleada, manifestó: "Bueno, no voy a poder hacer eso". Luego, en un esfuerzo por aclarar quién era realmente, preguntó: "¿Importaría si le dijera que soy el Papa León?". La trabajadora interpretó aquello como una broma pesada y cortó la comunicación de inmediato.
La solución llegó gracias a la intervención de otro sacerdote que mantenía contacto directo con el presidente de la entidad bancaria. Esto permitió resolver el trámite sin mayores complicaciones. McCarthy cerró la anécdota con tono jocoso, sugiriendo que la empleada podría pasar a la historia como "la mujer que le colgó al Papa". El episodio ha sido visto como un reflejo de la cercanía y el carácter accesible del actual Pontífice, reminiscencia de situaciones similares vividas por su predecesor, el Papa Francisco.
El suceso ha generado repercusión en medios internacionales. Un periodista de CBS aprovechó para ironizar sobre lo reconfortante que resulta recordar que incluso el Papa ha tenido que lidiar con las dificultades de la atención al cliente.
