Más de mil personas recibieron el bautismo en la Vigilia Pascual en las dos parroquias que los Misioneros Javerianos atienden en la diócesis de Pala, en el sur de Chad. Un signo de vitalidad eclesial que contrasta con la pobreza material y las dificultades que marcan la vida cotidiana en la región.
La misión en Chad se despliega en un territorio de escasos recursos, clima desafiante y complejidades sociales profundas. Pese a ello, la Iglesia crece. Los Misioneros Javerianos que trabajan en Pala documentan esa realidad a través de testimonios concretos: caminos polvorientos por falta de lluvia, comunidades que luchan por subsistir, historias como la de Blandine, una joven madre de 24 años abandonada por su pareja, que vive con el temor de perder a sus hijos cuando crezcan según las costumbres locales.
El misionero Antonio Serrano comparte regularmente estas escenas. Pero la pregunta que surge con frecuencia entre quienes conocen su trabajo es directa: "¿Por qué haces esto?". El padre Sergio Galimberti, también misionero en Pala, ha respondido a esa interrogante en una carta que su congregación ha hecho pública.
"A menudo pienso en la razón de mi vida aquí en Chad, en las muchas dificultades de un clima desafiante, en los viajes, en los encuentros con la gente…", escribe. La pregunta le obliga a profundizar en el sentido de su vocación. Su respuesta no elude las contradicciones: "He decidido comprometerme con la Iglesia del Señor… una realidad que muchos critican, pero que amo y que me da paz".
Galimberti afirma sentirse feliz con su elección. Si tuviera que decidir de nuevo, dice, seguiría el mismo camino. No ignora las debilidades humanas dentro de la Iglesia ni sus dificultades reales. Su compromiso consiste en contribuir a hacerla "más bella y más atrayente", aunque reconoce que su verdadera belleza no depende de los hombres, sino de Cristo.
En medio de la precariedad y el sufrimiento, la experiencia de estos misioneros revela una Iglesia que crece desde la fe sencilla de sus comunidades. El anuncio del Evangelio se abre camino incluso en las condiciones más adversas.
