El Papa León XIV ha advertido contra el riesgo de convertir la fe cristiana en una «mera costumbre» y ha llamado a los creyentes a preguntarse de nuevo quién es realmente Jesucristo en sus vidas. Durante el Ángelus de este domingo 23 de agosto, el Pontífice insistió en que la fe necesita ser redescubierta y traducirse en decisiones concretas.
Desde la plaza de San Pedro, León XIV centró su reflexión en el pasaje del Evangelio de san Mateo en el que Jesús pregunta a sus discípulos quién dicen que es Él. Para el Papa, aquella pregunta no pertenece únicamente al pasado, sino que interpela directamente a cada cristiano: «¿Quién es Jesús, verdaderamente, para mí?».
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León XIV recordó que los doce apóstoles ya habían compartido buena parte de la vida y el ministerio de Jesús cuando recibieron aquella pregunta. Sin embargo, Cristo no dio por supuesto que sus discípulos le conocieran verdaderamente ni que hubieran comprendido el misterio del Reino de Dios.
Después de preguntarles qué decía la gente acerca de Él, Jesús se dirigió directamente a los Doce: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». León XIV considera que esta continúa siendo «una pregunta fundamental para los discípulos de todos los tiempos» y para cada creyente en particular.
«La fe no es algo que se nos da de una vez para siempre».
El Papa explicó que el cristiano necesita «redescubrir continuamente el rostro de Cristo y su Evangelio», profundizar en su mensaje y renovar las decisiones de su propia vida para que sean coherentes con aquello que profesa.
Este camino, señaló, permite vencer una tentación concreta: pensar que ya se conoce todo sobre la fe y terminar viviéndola simplemente por inercia.
«Podemos superar la tentación de pensar que ya lo sabemos todo y de reducir la fe a mera costumbre».
León XIV trasladó entonces la pregunta de Cristo a la vida cotidiana de cada cristiano: «¿Quién es Jesús para mí y qué significa su presencia en mi vida?». Una cuestión que, según explicó, aparece especialmente durante la oración y la meditación del Evangelio, pero que no se limita a esos momentos.
La misma pregunta surge cuando el creyente se encuentra con «las heridas y necesidades» de los demás y ante aquellas relaciones y situaciones que interpelan más profundamente a la conciencia. Es precisamente en la vida cotidiana donde, según León XIV, puede comprobarse qué lugar ocupa verdaderamente Cristo.
El Papa planteó entonces una diferencia fundamental: Jesús puede permanecer para una persona simplemente como «una gran figura de la historia, que dijo e hizo cosas importantes», o ser reconocido como «el Cristo de Dios», enviado para introducir al hombre en el amor del Padre y transformar tanto su vida como el mundo en el que vive.
León XIV pidió además no encerrarse en las propias «convicciones y certezas religiosas», sino permanecer abiertos a «una relación auténtica con Cristo». En este punto, advirtió de otro peligro: conformarse con una fe recibida de manera externa, sin llegar a hacerla verdaderamente propia.
El cristiano, explicó, puede quedarse únicamente con aquello que ha «oído», con determinadas ideas compartidas o con lo que otros le han transmitido, incluso cuando esa transmisión se haya realizado con las mejores intenciones.
Pero Jesús, afirmó el Papa, exige algo más.
«Jesús nos llama a dar una respuesta personal, a conocerlo más de cerca y a dejarnos modelar por la amistad con Él a través de un encuentro siempre nuevo».
Ese encuentro puede tener además consecuencias inesperadas. León XIV señaló que seguir verdaderamente a Cristo puede exigir recorrer «caminos desconocidos» y tomar decisiones diferentes de aquellas que una persona había imaginado inicialmente para su vida.
La reflexión del Papa no quedó restringida al camino espiritual de cada creyente. León XIV trasladó la misma pregunta a la vida de la Iglesia y, de manera particular, a sus decisiones pastorales.
También en este ámbito existe el riesgo, advirtió, de considerar suficiente continuar repitiendo aquello que ya se hacía anteriormente.
«A veces podemos pensar que basta simplemente con seguir haciendo las cosas como siempre las hemos hecho».
Frente a esa actitud, León XIV propuso que tanto los cristianos individualmente como la Iglesia vuelvan continuamente a preguntarse qué exige el Evangelio en el presente.
«¿Quién es el Señor para mí? ¿De verdad lo conozco? ¿Qué me pide hoy su Evangelio? ¿Qué pasos y qué decisiones estoy llamado a dar?».
Son preguntas que, según el Pontífice, afectan al camino personal de cada creyente, pero también al camino de la propia Iglesia y a sus opciones pastorales. La fidelidad a Cristo no consiste así simplemente en repetir lo recibido, sino en renovar el encuentro con Él y preguntarse qué exige su Evangelio en cada momento.
Tras el rezo del Ángelus, León XIV dirigió también su atención a varias situaciones internacionales. El Papa aseguró recordar frecuentemente en sus oraciones a la República Democrática del Congo, especialmente ante la propagación de la epidemia de ébola, que está causando numerosas víctimas.
El Pontífice animó a la comunidad internacional a ofrecer una respuesta que implique también a las comunidades locales en las labores de prevención con el objetivo de salvar vidas.
León XIV expresó asimismo su cercanía al pueblo de la República Centroafricana por las víctimas del derrumbe ocurrido en una mina de Zamboyé. El Papa pidió al Señor que acogiera a los fallecidos y apoyó los esfuerzos dirigidos a garantizar la seguridad y el respeto de la legalidad en las explotaciones mineras.
Finalmente, recordó que este lunes se cumplen diez años del terremoto que golpeó el centro de Italia y afectó a regiones como Lacio, Umbría y Las Marcas. León XIV rezó por los fallecidos, sus familias y las comunidades afectadas, y pidió que «la fe y la solidaridad continúen sosteniendo el trabajo de reconstrucción».
Antes de despedirse, el Papa volvió así a dejar como cuestión central de la jornada la misma pregunta que Cristo dirigió a sus discípulos y que, según León XIV, cada cristiano necesita plantearse continuamente: «¿Quién es el Señor para mí? ¿De verdad lo conozco?».
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