Acusan a José Cobo de relegar a Cristo y los sacramentos a un segundo plano

Acusan a José Cobo de relegar a Cristo y los sacramentos a un segundo plano

El arzobispo de Madrid habla de diálogo, procesos, diversidad y humanización ante la inminente visita del Papa, mientras las referencias explícitas a Cristo, la gracia, los sacramentos y la salvación quedan en segundo plano.

El cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, ha concedido una entrevista en COPE ante la inminente llegada del Papa a España. Pero, lejos de centrar su intervención en Cristo, la conversión, la gracia, los sacramentos o la misión salvífica de la Iglesia, el arzobispo recurrió de forma insistente a un lenguaje dominado por categorías sociológicas, culturales y políticas: “diálogo”, “procesos”, “diversidad”, “humanización”, “barrios”, “escucha”, “desigualdad”, “sociedad” y “cultura”.

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A pocos días de que el Papa aterrice en Madrid, cabría esperar que el arzobispo de la capital subrayase con fuerza lo nuclear de una visita pontificia: la confirmación en la fe, el anuncio de Jesucristo, la llamada a la conversión, la gracia, la vida sacramental, la oración, la penitencia y la vida eterna. Sin embargo, la entrevista deja una impresión distinta. Lo religioso está presente, pero muchas veces queda envuelto en una terminología más propia de un foro social que de una predicación episcopal.

Cobo presentó Madrid como “un cruce de caminos” y afirmó que la ciudad “siempre está abierta”. La formulación no es falsa, pero sí reveladora: el marco inicial no es teológico, sino cívico, casi institucional. La llegada del Papa aparece así como una gran ocasión comunicativa y social, una oportunidad para “hablar a Europa” y “hablar en español a mucha gente”, más que como un acontecimiento de gracia para la Iglesia y de llamada a la conversión para los fieles.

La visita del Papa, leída en clave social

El mismo desplazamiento se aprecia al explicar la primera visita del Papa a un centro de acogida de Cáritas. El cardenal habló de “barrios concretos”, de “muchas realidades”, de “la creciente desigualdad en nuestro mundo” y de “las tensiones o las dificultades de pobreza que generan las violencias en nuestro mundo”. Todo ello puede formar parte de la doctrina social de la Iglesia, pero llama la atención la ausencia de términos más propiamente cristianos: pecado, caridad sobrenatural, conversión, misericordia, redención o Cristo presente en los pobres.

También al hablar de los jóvenes el registro dominante fue sociológico. Cobo explicó los centros de escucha por “la detección de un índice muy grande de suicidios dentro de la población juvenil”, por “la soledad no deseada” y por “la falta de vínculos entre la gente joven”. Son realidades dolorosas y dignas de atención pastoral, pero el lenguaje empleado presenta a la Iglesia sobre todo como prestadora de servicios de escucha y acompañamiento, no como madre que anuncia a Cristo, ofrece la gracia sacramental y llama a una Vida Nueva.

El “giro católico” convertido en búsqueda genérica

Especialmente significativo fue el momento en que el entrevistador le preguntó por el llamado “giro católico”. En vez de aprovechar la ocasión para hablar de retorno a la fe, hambre de Dios, conversión, verdad revelada o vida sacramental, Cobo rebajó la expresión: “No es tanto el giro católico”, dijo, sino que hay “una búsqueda real de la gente joven y de la sociedad en general”.

Antes lo había descrito como “signo de cierto malestar”, “cierta desorientación social”, “un cierto desengaño”, “necesidad de verdades en la vida” y “necesidad de horizontes en la vida”. La lectura es reveladora: el posible acercamiento de jóvenes a la fe queda traducido a categorías psicológicas, sociales y existenciales, más que presentado como una ocasión para anunciar explícitamente a Cristo.

La frase más significativa llegó después: la Iglesia, según Cobo, no debe ir “para poner etiquetas”, sino “para iniciar procesos”. La expresión resulta sintomática. Donde cabría esperar palabras como conversión, catequesis, confesión, fe, sacramentos o seguimiento de Cristo, aparece una categoría procedimental: “procesos”. Y donde cabría escuchar una afirmación clara de Cristo como Verdad, se opta por una fórmula horizontal: “vamos a buscar juntos, vamos a buscar la verdad juntos”.

Cultura, economía y política: el Papa como actor de diálogo público

El encuentro del Papa con el mundo del deporte, la cultura y la economía fue presentado en términos similares. Cobo habló de una “necesidad de repensar”, de “replantearnos a dónde queremos ir”, de “a dónde queremos ir como persona” y de “a dónde queremos ir como sociedad”. Añadió incluso que debemos preguntarnos por “la antropología que estamos creando”. De nuevo, el lenguaje no es propiamente kerigmático, sacramental o doctrinal, sino antropológico, cultural y de debate público.

El cardenal insistió además en que ese encuentro “no va a ser un encuentro puntual”, sino “fruto de todo un proceso”. Explicó que han participado “grupos diversos”, “rectores de universidades”, “el mundo de la cultura”, “el mundo del arte” y “distintos sectores”, todos ellos “reflexionando sobre cómo estamos y qué puede ofrecer la Iglesia”. La Iglesia aparece así como actor que ofrece algo al debate cultural, no primeramente como depositaria de una misión divina recibida de Cristo.

Cuando habló de la presencia del Papa en el Congreso, el arzobispo comenzó recordando que “el Papa es un jefe de Estado también”. Después lo definió como alguien que representa “la presencia de la Iglesia Católica en nuestro mundo” y defendió que “la Iglesia quiere caminar con la gente”. Nuevamente, la formulación es institucional y social.

Cobo habló de “buscar la verdad con los políticos”, con “el mundo de los sindicatos” y con “el mundo de la cultura”, y presentó la visita como un “reconocimiento de la fuerza moral y de la necesidad ética que tenemos”. El terreno político ocupó un espacio notable. El cardenal afirmó que es “un índice de sanidad política” que la clase política dialogue con “planteamientos éticos” y “planteamientos religiosos”. También habló de que la sociedad “vaya adelante”, de “buena política”, de “bien común”, de “unidad” y de “paz”.

Nada de esto es contrario a la fe. Pero el conjunto refuerza la sensación de que el Papa es presentado ante todo como líder moral y actor de diálogo público, más que como Sucesor de Pedro que confirma a sus hermanos en la fe.

Diversidad, armonía y humanización

La parte sobre la polarización política ahondó en el mismo registro. Cobo dijo que “vivimos en un mundo polarizado”, que “despersonalizamos por culpa de la ideología” y que “centramos más la ideología que las personas”. Al hablar de la Iglesia, subrayó “la grandeza de la diversidad”, “aprender a vivir en la diversidad”, la “integración” y “la posibilidad de la armonía”.

Son términos de cohesión social, de gestión de pluralidad, de convivencia. Pero apenas remiten al núcleo propio de la Iglesia: la unidad en Cristo, la conversión, la verdad revelada, la gracia o la salvación.

Otro momento particularmente significativo fue su explicación sobre las nuevas parroquias madrileñas. Cobo afirmó que, donde haya un barrio nuevo, la Iglesia quiere “tener una casa o plantar una tienda”. Hasta ahí podría haber una resonancia bíblica. Pero la explicación inmediata fue sociológica: “la Iglesia siempre en un barrio humaniza”, porque hace que “los vecinos se encuentren” y que “la gente se ayude”.

La Iglesia no aparece descrita como lugar del sacrificio eucarístico, de la predicación, de la confesión, de la adoración o de la santificación, sino como agente de humanización barrial.

Un cierre más humanista que sobrenatural

El cierre de la entrevista condensó bien esta orientación. Al explicar el lema “alzar la mirada”, Cobo habló de “las dificultades que tenemos”, “las desigualdades que van surgiendo”, “el malestar cultural”, “la falta de raíces” y “la desorientación”. Es verdad que dijo “mirar a Dios”, pero enseguida volvió a preguntas de tono antropológico y social: “qué persona queremos construir”, “qué sociedad y qué ser humano estamos intentando dibujar”.

Incluso cuando mencionó los sacramentos, los incluyó dentro de una serie que diluía su especificidad: “los mecanismos de la Iglesia”, dijo, son “los sacramentos, la celebración, el encuentro, el vernos unos a otros y el diálogo”. La palabra “mecanismos” resulta llamativa por su pobreza teológica. Y los sacramentos quedan colocados en paralelo con categorías relacionales y sociales, como “encuentro” y “diálogo”.

La última formulación fue todavía más clara: el viaje del Papa, según Cobo, no debe ser solo “un evento”, sino que ha de dejar “una huella” para seguir “trabajando después”, porque “ahora mismo tenemos el gran reto de la humanización de todo lo que tenemos alrededor”. De nuevo, el horizonte final no se formula como evangelización, santidad, conversión, vida de gracia o salvación, sino como humanización.

Una baja densidad sobrenatural

El problema no es que un obispo hable de sociedad, cultura, política, pobreza, juventud o diálogo. La Iglesia tiene doctrina social, presencia pública y responsabilidad pastoral ante los dramas humanos. El problema es el orden y el peso de las cosas. En esta entrevista, lo sobrenatural aparece, pero no domina. Lo que domina es una gramática de integración social, escucha, procesos, diversidad, cultura, diálogo y humanización.

El dato confirma esa impresión: en el tramo central de la entrevista, las expresiones sobrenaturales fuertes —Dios, fe, misa, sacramentos, rezar, Cristo, trascendencia— rondan apenas el 0,7% del total verbal si se miden sobre el conjunto de palabras pronunciadas. Incluso contando solo palabras significativas, la proporción se quedaría aproximadamente en torno al 1,5%. Para una intervención episcopal previa a una visita papal, la densidad sobrenatural resulta baja frente a la abundancia de lenguaje institucional, cultural y sociológico.

La pregunta de fondo es inevitable: ¿se está preparando Madrid para recibir al Sucesor de Pedro como pastor de la Iglesia universal, o como líder moral de un gran acontecimiento social? Una visita papal puede tener consecuencias culturales, sociales y políticas, pero su núcleo no debería ser sociológico. Su centro debería ser Cristo, la fe, la conversión, los sacramentos y la vida de la gracia.

Cobo no ofrece un discurso contrario a la fe. Pero sí ofrece un discurso en el que la fe aparece muchas veces traducida a categorías de utilidad social. Y ahí está el punto crítico: cuando la Iglesia habla más de “procesos”, “diversidad”, “humanización”, “diálogo”, “barrios” y “sociedad” que de Cristo, pecado, gracia, redención, sacramentos y salvación, el riesgo no es la herejía explícita, sino algo más sutil: la reducción del cristianismo a una fuerza ética y comunitaria dentro del paisaje sociológico contemporáneo.

Frases que desenmascaran el desplazamiento sociológico

“Madrid es un cruce de caminos, Madrid siempre está abierto.”

“La creciente desigualdad en nuestro mundo.”

“Las tensiones o las dificultades de pobreza que generan las violencias en nuestro mundo.”

“La soledad no deseada entre la gente joven también es emergente.”

“La falta de vínculos entre la gente joven también es un problema real.”

“Es signo de cierto malestar y cierta desorientación social.”

“Necesidad de verdades en la vida, necesidad de horizontes en la vida.”

“Necesidad de dar un modelo de qué persona queremos construir.”

“No es tanto el giro católico, sino hay una búsqueda real de la gente joven y de la sociedad en general.”

“No para poner etiquetas, sino para iniciar procesos.”

“Vamos a buscar juntos, vamos a buscar la verdad juntos.”

“Una propuesta bella y una propuesta fascinante en tu vida.”

“Necesidad de repensar.”

“Replantearnos a dónde queremos ir.”

“A dónde queremos ir como persona, a dónde queremos ir como sociedad.”

“Con la antropología que estamos creando.”

“Este encuentro no va a ser un encuentro puntual, sino que es fruto de todo un proceso.”

“Reflexionando sobre cómo estamos y qué puede ofrecer la Iglesia.”

“Un diálogo, un diálogo con el Papa.”

“Los puentes que la Iglesia ahora mismo tiene o quiere establecer con la sociedad y con la cultura.”

“El Papa es un jefe de Estado también.”

“La Iglesia quiere caminar con la gente.”

“Buscar la verdad con los políticos, con el mundo de los sindicatos, con el mundo de la cultura.”

“Reconocimiento de la fuerza moral y de la necesidad ética que tenemos.”

“Que la clase política dialogue con planteamientos éticos, con planteamientos religiosos.”

“Un índice de sanidad política.”

“Que la sociedad vaya adelante.”

“Una buena política.”

“Vivimos en un mundo polarizado.”

“Despersonalizamos por culpa de la ideología.”

“Centramos más la ideología que las personas.”

“La grandeza de la diversidad.”

“Aprender a vivir en la diversidad.”

“No como segmentos, sino como integración, la armonía.”

“La posibilidad de la armonía.”

“La Iglesia siempre en un barrio humaniza.”

“Hace que los vecinos se encuentren.”

“Hace que la gente se ayude.”

“Las desigualdades que van surgiendo.”

“El malestar cultural en el que vivimos.”

“La falta de raíces.”

“La desorientación que podemos padecer.”

“Qué persona queremos construir.”

“Qué sociedad y qué ser humano estamos intentando dibujar.”

“Los mecanismos de la Iglesia.”

“Los sacramentos, la celebración, el encuentro, el vernos unos a otros y el diálogo.”

“Nos va a dejar deberes.”

“Una huella que tendremos que seguir trabajando después.”

“El gran reto de la humanización de todo lo que tenemos alrededor.”

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