La comunidad católica china enfrenta un aumento de la persecución en un contexto de silencio vaticano. La situación se agrava a pesar de los acuerdos suscritos con Roma.
Human Rights Watch denuncia que la libertad religiosa de los católicos en China atraviesa una situación crítica. A pesar del acuerdo firmado en 2018 entre el Vaticano y el gobierno chino, la represión se ha intensificado contra los aproximadamente 12 millones de católicos que rechazan la versión "sinizada" de su fe impuesta por Pekín.
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Las comunidades católicas clandestinas sufren una presión creciente. Según publica belgicatho.be, los fieles no encuentran protección efectiva frente a la persecución que se intensifica día a día.
La denuncia pone de relieve la brecha entre los compromisos diplomáticos suscritos hace seis años y la realidad que viven los católicos en el terreno. El acuerdo bilateral, presentado entonces como un paso hacia la normalización de las relaciones entre la Santa Sede y Pekín, no ha frenado la represión contra quienes se niegan a someterse a los controles estatales sobre la vida religiosa.
Las organizaciones de defensa de derechos humanos advierten de que la situación tiende a empeorar. Los católicos que permanecen fieles a Roma, sin aceptar la estructura paralela controlada por el Gobierno chino, enfrentan arrestos, interrogatorios y presiones económicas sobre sus familias.
Desde el Vaticano no ha habido pronunciamientos públicos que aborden directamente estas denuncias. El silencio mantiene la tensión entre la estrategia diplomática de la Santa Sede y las expectativas de los católicos perseguidos, que esperaban que el acuerdo de 2018 mejorase su situación.
La comunidad internacional de defensa de derechos humanos continúa documentando casos de represión. Monjas, sacerdotes y laicos que rechazan la "sinización" de la fe católica permanecen bajo vigilancia constante o han sido detenidos en los últimos meses.
