Los obispos de Estados Unidos demandan responsabilidad y transparencia tras muertes de migrantes en operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.
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Los obispos de Estados Unidos han dirigido un llamado a las autoridades competentes para que actúen con responsabilidad, transparencia y justicia en los procesos migratorios, en respuesta a operativos que han menoscabado la dignidad de personas y comunidades. Esta reflexión surge tras incidentes que han generado un clima de miedo y ansiedad entre la población, especialmente en relación con la discriminación racial y la aplicación de las leyes de inmigración.
La preocupación de los prelados se intensifica tras la muerte de dos ciudadanos latinoamericanos durante operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Johan Sebastián Durán Guerrero, ciudadano colombiano, falleció por disparos de agentes de ICE en Maine. Lorenzo Salgado Araujo, ciudadano mexicano, perdió la vida en un operativo similar en Texas. Estos sucesos han reavivado el debate sobre el uso de la fuerza en la aplicación de las leyes migratorias y el respeto a la dignidad humana.
El obispo Daniel E. García, presidente del Subcomité para la Promoción de la Justicia Racial y la Reconciliación, junto con el obispo Brendan J. Cahill, presidente del Comité de Migración de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, han publicado una reflexión pastoral en la que subrayan que toda vida humana posee una dignidad inviolable. "Como católicos, creemos que todas las personas han sido creadas a imagen y semejanza de Dios y, por lo tanto, lamentamos todas las situaciones en las que la vida humana llega a un fin antinatural", expresan los obispos.
En su mensaje, los prelados recuerdan que la dignidad humana es un principio fundamental de la fe cristiana, una verdad que la Iglesia está llamada a proclamar de manera constante. Advierten que la discriminación racial no solo atenta contra la dignidad otorgada por Dios a cada persona, sino que causa un daño profundo a individuos, familias y comunidades, alimentando el miedo y debilitando la confianza.
Subrayan que la misión pastoral de la Iglesia trasciende los límites de la legislación civil y que la violencia en los operativos migratorios "menosprecia o ignora la dignidad de cualquier persona o grupo de personas". Enfatizan que la deshumanización de los inmigrantes no debe ser normalizada en la sociedad, independientemente de su situación migratoria.
Si bien reconocen el derecho y el deber de las autoridades civiles de hacer cumplir la ley, los obispos insisten en que esta responsabilidad debe ejercerse con humanidad y respeto a los derechos fundamentales, especialmente el derecho a la vida y al debido proceso. En este contexto, enfatizan que "el poder del Estado debe ejercerse siempre dentro de los límites de la ley moral".
Los obispos exigen a las autoridades "responsabilidad, transparencia y justicia", lo que implica la necesidad de llevar a cabo reformas significativas en el sistema migratorio. Expresan su cercanía espiritual con las familias de las víctimas y aseguran sus oraciones por quienes han perdido la vida, elevando sus plegarias para que cese la retórica deshumanizadora, desaparezcan los prejuicios raciales y toda forma de violencia, y que renazca en la sociedad el compromiso de reconocer y proteger la dignidad inherente de cada persona como hijos de Dios.
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