La escalada de ataques atribuidos a las FARC-EMC deja un saldo trágico de 21 muertos en una semana.
El Papa León XIV expresó su profunda preocupación por la violencia que asola el suroeste de Colombia durante la Audiencia General del 29 de abril. Dirigiéndose a los peregrinos de habla hispana, el Pontífice manifestó su cercanía a las familias afectadas y exhortó a "rechazar cualquier forma de violencia y optar decididamente por el camino de la paz".
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Los ataques se han multiplicado desde el 24 de abril. Al menos 26 incidentes violentos han dejado decenas de muertos en los departamentos de Cauca y Valle del Cauca. El más trágico ocurrió en una carretera entre Cali y Popayán: una explosión causó 21 fallecidos, evidencia del clima de inseguridad que padece la población local.
Las autoridades colombianas atribuyen estos actos a las FARC-EMC (Estado Mayor Central), facción disidente de las antiguas FARC que rechazó el acuerdo de paz de 2016. El grupo, liderado por Néstor Vera —conocido como Iván Mordisco—, mantiene una presencia armada activa en la región. Sus operaciones se concentran en el control de rutas de narcotráfico y explotaciones mineras ilegales, fuentes de financiación que alimentan la inestabilidad.
Analistas vinculan la intensificación reciente a una estrategia del grupo para reafirmar su influencia en el contexto político nacional. Aunque el Gobierno y las FARC-EMC iniciaron conversaciones de paz a finales de 2023, el proceso se quebró en abril de 2024 cuando una facción se retiró de las negociaciones y reanudó las hostilidades.
Los obispos colombianos respondieron con un comunicado en el que instan a los grupos armados a cesar toda acción contra la vida y a respetar el derecho internacional humanitario. "Persistir en la violencia solo profundiza el sufrimiento del pueblo y destruye el tejido social", escribieron. También pidieron al Estado que refuerce la protección de la población y garantice el acceso a bienes esenciales.
Durante la misma audiencia, el Papa recordó el aniversario de la liberación del campo de concentración de Dachau, ocurrida el 29 de abril de 1945. Pidió a los fieles polacos que invoquen la intercesión de los mártires del clero polaco e instó a los jóvenes a responder con valentía a la llamada de Dios.
