La verdad no huye

La verdad no huye

Miguel P. Herrador

Columnista de Opinión Religiosa

Hay personas que desaparecen de nuestra vida en cuanto llega la primera diferencia seria. Como si querer de verdad consistiera en pensar siempre igual. La historia de San Pedro y San Pablo demuestra exactamente lo contrario.

Último boletín

León XIV lo recordó ayer en la homilia de la misa que celebró en la solemnidad de los santos Pedro y Pablo. Los dos grandes apóstoles no fueron hombres idénticos. Discutieron. Y discutieron sobre algo decisivo: la entrada de los gentiles en la Iglesia. San Pablo defendía con firmeza la libertad frente a la obligación de la circuncisión; san Pedro, como custodio de la unidad, tuvo que escuchar, discernir y decidir. Incluso Pablo llegó a corregir públicamente a Pedro por una actitud incoherente. Sin embargo, ninguno convirtió aquella discusión en una ruptura. Ambos entendían que la verdad nunca puede caminar separada de la comunión.

Pedro no era perfecto. Negó a Cristo, cometió errores y necesitó correcciones. La Iglesia nunca ha enseñado que el Papa sea impecable en todas sus decisiones. Puede equivocarse en cuestiones prudenciales, en gestos o en juicios personales. Pero una cosa es reconocer un error y otra muy distinta utilizarlo como excusa para abandonar la barca de Pedro.

Porque lo difícil no es permanecer al lado de quien nunca falla. Lo difícil es seguir amando cuando aparecen las heridas, las diferencias y las decepciones. Ahí se pone a prueba la verdad de cualquier relación. También la de nuestra relación con la Iglesia.

Por eso resulta paradójico que algunos se presenten como defensores de la Tradición mientras consideran que la mejor forma de protegerla es caminar sin Pedro, llegando incluso a plantear nuevas ordenaciones episcopales sin mandato pontificio. Pedro y Pablo discutieron mucho. Pero jamás pensaron que la solución fuera levantar un altar frente al otro.

Quizá el mayor problema de nuestro tiempo no sea que existan diferencias. El verdadero problema es que hemos perdido la paciencia para permanecer juntos cuando aparecen.

Pedro y Pablo acabaron derramando su sangre por la misma Iglesia. No venció el que tenía más razón. Venció el amor que fue capaz de mantenerlos unidos mientras buscaban, juntos, la Verdad.

Comentarios (0)

Sé el primero en comentar esta noticia.

Escribe un comentario

Participa en la conversación con respeto. Tu comentario se publicará automáticamente, aunque podrá ser retirado por la redacción.

Sigue a Iglesia Noticias en Google
Añadir a mis fuentes favoritas
Iglesia Noticias no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.

Publish the Menu module to "offcanvas" position. Here you can publish other modules as well.
Learn More.