

Libertad, igualdad y fraternidad
Las grandes multitudes que acudieron a recibir al papa León por toda Francia sorprendieron a todo el mundo —y, por desgracia, también a los obispos franceses—.
El boletín de hoy
Sábado, 10 de octubre
En el mensaje que el Papa leyó durante la recepción que le ofreció el presidente francés Emmanuel Macron, León propuso lo que puede calificarse como enmiendas a los tres principios (liberté, égalité, fraternité) propugnados por la Revolución Francesa.
Sin embargo, como ya lo escribió el beato Fulton Sheen, en su libro de 1938 Libertad, Igualdad y Fraternidad, bajo esas palabras aparentemente sencillas y buenas surgieron, desde el principio mismo, acontecimientos perversos. Los revolucionarios franceses comenzaron a utilizar la guillotina y otros instrumentos de terror masivo contra las figuras religiosas católicas y, después, unos revolucionarios contra otros, en un brutal baño de sangre.
Los frutos amargos de la Revolución
Pero la cosa no quedó ahí. En los primeros años del siglo XX, un gobierno socialista radical liderado por Émile Combes se apoderó de todas las catedrales, monasterios, conventos, santuarios y demás edificios religiosos de Francia, cerró 10 000 escuelas religiosas y obligó a muchos sacerdotes y religiosos a exiliarse. En algunos relatos, esto se describe simplemente como la «separación de Iglesia y Estado» en Francia.
Y hoy, como señaló el Papa Leo, la interpretación «humanista» de los tres ideales ha llevado, entre otros males, a la monstruosidad de que el aborto se haya incluido en la Constitución francesa como un derecho fundamental y al eufemismo orwelliano del «derecho a morir» (es decir, la medicación letal).
Que conste que, allí donde el aborto —el asesinato deliberado de vida humana en el útero— se confunde con la «libertad» y se convierte en un derecho fundamental, nos situamos en el peor nivel moral de la historia de la humanidad: cananeos, amonitas, aztecas, soviéticos, maoístas, Jemeres Rojos y muchos más. No hay égalité ni fraternité para esos inocentes no nacidos que matamos, año tras año, en un número muy superior al de los monstruos mencionados.
Fulton Sheen ya comprendió hace décadas que cosas como estas son consecuencia de nociones erróneas de «libertad». Los fundadores mismos de USA, como estado, se opusieron contra la «licencia» o la falsa creencia de que la libertad significa hacer lo que uno quiera. Sheen: «El liberalismo destruyó la libertad al eximir al individuo de sus responsabilidades sociales; el comunismo y el fascismo destruyen la libertad al esclavizar al individuo a la voluntad de un dictador».
La verdadera libertad, argumentaba Sheen, es similar al «justo medio» de Aristóteles (y de la Iglesia), no solo algo a medio camino entre ambos, sino un «tanto lo uno como lo otro» que es algo muy diferente de cualquiera de ellos.
Del mismo modo, la «igualdad» en el sentido moderno y sin límites se convierte inevitablemente en lo que nuestros gurús de la DEI llaman «equidad», según la cual no solo se trata a las personas de forma igualitaria, sino que los trabajadores y los perezosos, los virtuosos y los viciosos, una «raza» o grupo u otro, deben ser hechos estadísticamente iguales mediante la tiranía estatal y el ostracismo social.
El remedio reside en la correcta comprensión de la «fraternidad» —la hermandad tal y como Dios la concibió, no sus sustitutos ideológicos: citoyen, tovaritsch, compañero, los «woke»—, lo que también ayudaría a corregir las nociones modernas erróneas de libertad e igualdad.
Qué nos dice el Papa León sobre estos asuntos
´Que vuestra libertad crezca en la preocupación constante por el bien común. Que vuestra fraternidad abarque a toda la familia humana. Y que la igualdad a la que aspiráis se construya siempre sobre los cimientos de la justicia y la caridad —no borrando las diferencias entre las personas, sino permitiéndoles florecer armoniosamente en beneficio de la sociedad en su conjunto´.
Se mostró firme al afirmar que la igualdad debe basarse no solo en la caridad —una caridad que no se haya reducido a mera amabilidad y a evitar el conflicto—, sino en la justicia. La verdadera justicia implica inevitablemente una apreciación adecuada de la verdad —sobre el mundo, el hombre y Dios—. Los sustitutos idealistas o ideológicos de la verdad tienen un historial aterrador. Y no solo en Francia.
Hay un camino mejor.
Un periodista preguntó al Papa durante la rueda de prensa a bordo del avión (una práctica peligrosa que el Vaticano haría bien en suspender) si no se había metido demasiado en la política francesa. Titubeó brevemente, pero luego recuperó el equilibrio y afirmó que, si bien puede existir una separación adecuada entre la Iglesia y el Estado, los grupos religiosos, al igual que los no religiosos, tienen derecho a hablar de política.
Y, además, «fui principalmente a predicar el Evangelio, a predicar la Buena Nueva, a reafirmar lo que el propio Jesucristo dice cuando afirma: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, es decir, a promulgar la verdad que Jesús nos ofrece… Así que diría que, si eso es política, lo hice, pero no fue para involucrarme en la política francesa. Fue para enseñar lo que la Iglesia realmente cree».
Algunos progresistas franceses expresaron su «temor» ante el entusiasmo que suscitó la visita del Papa; otros lamentaron el poder que la Iglesia Católica sigue teniendo para atraer a multitudes. En realidad, la mayoría de las palabras del Papa fueron aplaudidas porque eran compatibles con la concepción liberal actual de la vida humana y la sociedad. Pero había una diferencia: la diferencia que marca Cristo. Y, aunque aún en fase de desarrollo, esta diferencia prevalece sobre todo lo demás.
Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.
¿Crees que la Iglesia debe pronunciarse públicamente sobre cuestiones políticas y sociales como hizo el Papa en Francia, o debería mantenerse al margen de estos debates?
¿Qué te parece la propuesta del Papa de reinterpretar los ideales de libertad, igualdad y fraternidad desde una perspectiva cristiana y de justicia, frente a sus interpretaciones modernas?
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