El Obispo de Barbastro-Monzón apela a la unidad en la Romería de Vírgenes de Torreciudad, pidiendo comunión entre la diócesis y el Opus Dei en un contexto de tensiones eclesiales.
El pasado sábado, 5 de septiembre de 2026, el Obispo de Barbastro-Monzón, Mons. Ángel Pérez Pueyo, hizo un llamamiento a la unidad dentro de la comunidad eclesial durante la celebración de la Romería de Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe, que tuvo lugar en el santuario de Torreciudad. Este evento coincide con el 50 aniversario de la inauguración del templo, construido por el Opus Dei, y se desarrolla en un contexto de tensiones entre el Obispado y la Prelatura. La situación llevó al Papa León XIV a designar al decano del Tribunal de la Rota Romana, Mons. Alejandro Arellano, como Comisario Pontificio para el lugar.
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Los peregrinos, acompañados por el prelado, se dirigieron inicialmente a la ermita original, donde, con la autorización del Comisario Pontificio, se trasladó de manera excepcional la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles, venerada en el lugar desde hace más de mil años. Durante la ceremonia, los asistentes depositaron cintas en las manos de la Virgen, simbolizando las diversas advocaciones que conformarían un "manto de la comunión".
Mons. Pérez Pueyo afirmó: "Ninguna cinta desaparecerá. Ningún nombre se borrará. Ningún pueblo tendrá que dejar de ser quien es. Pero todos quedarán unidos en un mismo manto". En su oración, el Obispo pidió a la Virgen María que "una lo que está separado, acerca lo que está distante, cura lo que esté herido". Además, reiteró su disposición a dimitir si la imagen de la Virgen de Torreciudad no se instala de forma permanente en la antigua ermita, expresando su deseo de que su labor como pastor sea digna y ejemplar.
Al finalizar la oración, se llevó a cabo una procesión en la que se rezó el Rosario hasta el nuevo templo, donde Mons. Pérez presidió la Misa. En su homilía, destacó que "una madre tiene esa misteriosa capacidad de hacer sitio a todos sin quitarle a ninguno su nombre, su rostro ni su historia".
El prelado hizo hincapié en la necesidad de que los fieles puedan acercarse a sus ermitas y a las imágenes, expresando que "necesitamos poder decirle a María lo que quizá no sabemos decir de otra manera. Eso no es una fe de segunda categoría. Es la piedad sencilla de nuestro pueblo". En este sentido, reiteró que la Iglesia no debe arrancar esas raíces, sino purificarlas y hacerlas fecundas para el Evangelio.
También elogió la "fecundidad evangélica de lo pequeño", refiriéndose a la ermita original y enfatizando que "lo pequeño no es insignificante para Dios".
Mons. Pérez Pueyo dedicó parte de su discurso a reconocer el trabajo del Opus Dei en Torreciudad, afirmando que "todo el bien que la Prelatura ha realizado durante estos años es de Dios". Expresó su deseo de que el Opus Dei continúe su misión en el lugar y que Torreciudad siga siendo un centro de evangelización mariana y familiar, plenamente integrado en la diócesis.
Aunque en ocasiones anteriores su tono había sido más confrontacional, en esta ocasión el Obispo instó a "sumar, multiplicar y soñar juntos en comunión dentro de esta Iglesia particular de Barbastro-Monzón, de la Santa Iglesia Universal".
Para concluir, dirigió una oración a la Virgen María, pidiendo que "nos enseñe a cuidar de lo pequeño sin encerrarnos en nosotros mismos. Enséñanos a sumar carismas, instituciones, pueblos y sensibilidades".
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