Más de 200 iglesias destruidas desde 2009, pero la comunidad católica mantiene llenas sus misas cada domingo a pesar de la violencia de Boko Haram.

El obispo auxiliar de Maiduguri, John Maiduguri Bakeni, ha denunciado que más de 200 iglesias han sido destruidas en su archidiócesis desde que Boko Haram inició su insurgencia en 2009. Lo hizo durante una homilía pronunciada el 16 de septiembre, en la que afirmó que "sobrevivimos hoy como diócesis por la gracia de Dios".
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Sábado, 31 de octubre
Bakeni evocó la figura de los mártires, especialmente la de los santos Cornelio y Cipriano, como referencia para los fieles que soportan a diario disparos y explosiones. A pesar de ese clima de violencia permanente, el obispo señaló que "nuestras iglesias están llenas en cada Misa", prueba de que los católicos de la región se niegan a ceder ante la amenaza.
Desde que Boko Haram desató su campaña de terror en el noreste de Nigeria, la destrucción de infraestructuras religiosas ha sido masiva y el sufrimiento de la población, enorme. Aun así, la archidiócesis de Maiduguri mantiene una asistencia sostenida a los oficios religiosos, lo que sus fieles interpretan como señal de fortaleza espiritual frente al peligro.
El testimonio del obispo Bakeni dibuja una realidad de doble cara: la devastación material de cientos de templos y, al mismo tiempo, la fe que se niega a extinguirse. La comunidad persevera en la oración y el culto, aferrada a la esperanza en medio de una de las crisis de violencia más prolongadas del continente africano.