El cardenal Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, reclama que la educación sea un signo de esperanza para los niños de la Tierra Santa en medio del conflicto.
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El cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, ha difundido un mensaje con motivo del inicio del nuevo año escolar en el que pide que la educación se convierta en un "signo de esperanza" para los niños de la Tierra Santa. El texto fue publicado por la Asamblea de los Ordinarios Católicos de la región el 26 de agosto de 2026.
Pizzaballa alude a la dramática situación de muchos niños cuyas aulas han sido destruidas y cuyas familias viven marcadas por la muerte, el desplazamiento y la devastación. "Hay niños cuyas aulas no existen más", señala el cardenal. Aun así, confía en que "la destrucción no tendrá la última palabra" y en que esos niños podrán recuperar, con el tiempo, "el aprendizaje y la vida ordinaria".
El patriarca subraya que las escuelas cristianas de la Tierra Santa son "mucho más que instituciones educativas". Estos centros constituyen pilares de la presencia cristiana en la región y funcionan como espacios de acogida para estudiantes y familias de distintas tradiciones religiosas, fomentando la convivencia, el respeto mutuo y la apertura al otro.
Pizzaballa advierte que, aunque las escuelas deben abrirse a todos, resulta imprescindible que conserven su identidad cristiana. Esa identidad ha de reflejarse en los valores, los símbolos, las tradiciones y las actividades educativas cotidianas. Mantenerla frente a las múltiples presiones que pesan sobre estos centros exige "paciencia, firmeza y coraje", y es una responsabilidad que comparten directores, docentes y toda la comunidad eclesial.
El mensaje aborda también la formación religiosa de los alumnos. No basta, señala el cardenal, con que un estudiante cristiano recite oraciones o mencione los sacramentos sin entender su significado. La educación religiosa debe propiciar un conocimiento vivo y personal de la fe.
Ser cristiano en la Tierra Santa implica, según Pizzaballa, cultivar una relación honda con la tierra del Evangelio y conocer los misterios de la fe a través de los lugares donde se han desarrollado. Con ese fin, el patriarca anima a integrar las visitas a los lugares sagrados dentro de la formación religiosa de los alumnos.
Cuando las distancias, las fronteras o las restricciones impidan el acceso físico a esos lugares, las escuelas deben buscar vías alternativas: la Escritura, el estudio y los recursos visuales pueden acercar a los alumnos al patrimonio espiritual de la Tierra Santa.
El mensaje cierra con un agradecimiento a los educadores y a las familias, y con una oración por todos los niños de la región, en particular por quienes carecen de seguridad y de acceso a la educación. Pizzaballa confía en que las escuelas sigan siendo "lugares de fe, conocimiento, encuentro y esperanza".
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