La última peregrinación diocesana a Lourdes ha reunido a enfermos y hospitalarios en una experiencia marcada por la entrega generosa de los nuevos voluntarios, la intensidad espiritual del santuario y el fortalecimiento de la fe entre los participantes.
Lourdes ha acogido una nueva edición de la peregrinación diocesana, vivida con especial intensidad por los enfermos y hospitalarios que tomaron parte en ella. Según el consiliario del grupo, cada año este encuentro permite descubrir nuevas maravillas y ofrece experiencias espirituales de profundo calado para todos los asistentes.
Particular relieve ha tenido la participación de los nuevos hospitalarios, cuya entrega desinteresada ha sido determinante para el buen desarrollo de la peregrinación. Estos voluntarios han acompañado a los enfermos con generosidad, prestándoles asistencia corporal y consuelo espiritual durante toda la estancia en el santuario mariano.
El clima de oración y recogimiento de Lourdes propició entre los peregrinos una renovación interior. Las celebraciones litúrgicas, la convivencia fraterna y los momentos de silencio favorecieron el crecimiento en la fe y el fortalecimiento de los lazos espirituales entre los participantes.
La peregrinación ha sido vivida no solo como un desplazamiento físico, sino como un auténtico itinerario del alma. Las impresiones recogidas evidencian el impacto duradero que ha tenido sobre los fieles, quienes ya aguardan con esperanza nuevas oportunidades de retornar al lugar de las apariciones de la Virgen.
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