
El obispo Alfonso Bauer, nombrado apenas en marzo, recibirá al Papa en su diócesis cuando aún no ha cumplido un año al frente de ella.
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Viernes, 6 de noviembre
La ciudad de Florida, enclave histórico en el corazón de Uruguay, se prepara para recibir al Papa León XIV el próximo 8 de noviembre, fecha en que la Iglesia uruguaya celebra la solemnidad de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona de la nación. Ante la catedral basílica que custodia la venerada imagen mariana, miles de peregrinos se congregarán para participar en la Eucaristía presidida por el Sucesor de Pedro, en una jornada de singular relieve tanto para la Iglesia como para el conjunto del país.
La elección de Florida no tiene nada de circunstancial. En ese santuario se anudan los orígenes de la identidad nacional con la historia religiosa del Uruguay. Así lo explica monseñor Alfonso Bauer, obispo de la diócesis de Florida-Durazno, en conversación con los medios vaticanos: describe la visita como un desafío y, a la vez, como un regalo para su ministerio recién iniciado. Bauer fue nombrado obispo el 19 de marzo, festividad de san José; recibió la ordenación episcopal y tomó posesión de la diócesis a finales de mayo, y en septiembre viajó a Roma para el curso de formación destinado a nuevos obispos. "Comenzar la misión pastoral como obispo con la visita del Santo Padre creo que es un regalo inmenso", afirma.
El prelado reconoce que organizar un acontecimiento de esta magnitud ha resultado exigente dado el escaso tiempo que lleva conociendo la realidad diocesana. Aun así, confía en que la presencia del Pontífice traiga "una renovación para nuestra fe", confirme a los creyentes y reanime las comunidades cristianas, dotándolas de mayor vitalidad y compromiso misionero.
Para entender por qué Florida ocupa un lugar central en la vida religiosa uruguaya hay que remontarse a 1825. En esa ciudad se proclamó la Declaratoria de la Independencia y, según recuerda Bauer, los Treinta y Tres Orientales se pusieron bajo la protección de una pequeña imagen mariana que allí se custodiaba. De origen guaraní y vinculada a la tradición jesuítica como representación de la Inmaculada, aquella talla no llevaba aún el nombre con el que hoy se la conoce: fue el pueblo quien la bautizó así, enlazando para siempre la devoción a María con el proceso de liberación de la patria. "Tiene una raíz muy profunda en nuestra historia. Por eso nace esta devoción, vinculada a la liberación de nuestra patria bajo la protección de María Santísima", explica el obispo.
Cada año, el segundo domingo de noviembre, la Iglesia Católica en Uruguay convoca una peregrinación nacional al santuario de Florida. Fieles de distintos puntos del país acuden hasta allí para poner ante la imagen sus preocupaciones, anhelos y esperanzas. En esta ocasión, la convocatoria adquiere una dimensión extraordinaria al coincidir con la presencia del Papa. Bauer señala también el movimiento de peregrinos que ya ha partido, incluso a caballo, desde localidades como Nico Pérez, portando réplicas de la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres y de Jacinto Vera: expresiones de una religiosidad popular que transmite la fe de generación en generación.
El obispo apunta que el alcance del acontecimiento desborda el ámbito estrictamente católico. A su juicio, la visita puede abrir cauces para renovar el diálogo, fortalecer la fraternidad y reafirmar el compromiso con la dignidad humana. En un país de marcada secularización, Bauer reconoce que queda camino por recorrer para extender la devoción a la patrona del Uruguay, y por eso considera prioritario impulsar una pastoral de santuario que sitúe a María en el centro de la vida eclesial.
La dimensión histórica y espiritual del acontecimiento tiene también eco en las autoridades civiles. El intendente de Florida, Carlos Enciso, católico practicante con formación en un colegio religioso, recibe la llegada de León XIV como un hecho que interpela a toda la sociedad, más allá de las pertenencias confesionales. Enciso evoca la enseñanza del Papa Francisco sobre la política entendida como servicio y cita a santo Tomás Moro como referencia para orientar su gestión. "Estamos contentos porque el inicio de la gira por América es por Uruguay", señala en conversación con Vatican News desde su despacho en la intendencia, y expresa la satisfacción de que Florida sea de nuevo escenario de una visita pontificia, como ocurrió en 1988 con san Juan Pablo II.
Enciso advierte que el contexto ha cambiado respecto a aquella primera visita: la población uruguaya es hoy menos católica que entonces, pero la expectativa ante la llegada del Papa se extiende también entre quienes se mantienen alejados de la práctica eclesial. "La gente de la Iglesia está muy contenta, la gente practicante, pero también el ciudadano común [...] se ha ido involucrando en estos últimos días", relata. Las banderas, los adhesivos y el entusiasmo de los vecinos contribuyen, a su juicio, a crear un clima de alegría compartida en toda la ciudad.
Para el intendente, el hilo conductor entre las dos visitas pontificias no es ningún factor político ni administrativo, sino la presencia de la Virgen de los Treinta y Tres. Su santuario en la catedral de Florida es, afirma, la razón por la que una ciudad del interior uruguayo cuya capital ronda los 40.000 habitantes alcanza una proyección de escala nacional e internacional. "La centralidad está aquí en la Virgen, en la Virgen de los 33 Orientales, que es la patrona del Uruguay", apunta. En esa advocación reconoce el vínculo entre la patria vieja, el proceso independentista y el Uruguay de hoy: una identidad que, en sus palabras, forma parte del ADN histórico de la población.
La visita del Pontífice llega en un momento en que la polarización social impregna distintos planos de la convivencia. Tanto Bauer como Enciso coinciden en que la presencia de León XIV puede ofrecer un impulso para renovar la esperanza y estrechar los lazos entre los uruguayos. El obispo pide recibir al Santo Padre con espíritu de acogida y fraternidad, y destaca la importancia de su mensaje en favor de la paz, la concordia y la dignidad humana, con el deseo de que no solo los católicos, sino todos los hombres y mujeres de buena voluntad, se sientan convocados a trabajar por una humanidad mejor.
Bauer dirige también una palabra a quienes no podrán estar presentes en la celebración por motivos económicos, de salud o por hallarse privados de libertad. Para ellos, recuerda que el mensaje del Papa es igualmente una invitación al encuentro con Cristo y a la cercanía. Frente a la tentación de dejarse dominar por los conflictos y las dificultades, propone una mirada capaz de reconocer también lo que hay de bueno. "El trigo y la cizaña crecen juntos, pero podemos rescatar también tantas cosas buenas", reflexiona, y señala que los preparativos de la visita le han permitido comprobar la generosa disponibilidad de muchas personas para colaborar y prestar su ayuda.
Enciso, por su parte, confía en que el mensaje del Papa deje una huella duradera, aunque quizá su alcance pleno solo se comprenda con el paso del tiempo. La presencia del Sucesor de Pedro en Florida, Montevideo y Paysandú tendrá, a su juicio, una fuerza movilizadora difícil de medir de inmediato. "Creo que va a ser para mí donde va a quedar ese goteo en los corazones de la gente", expresa, aludiendo a la influencia que el mensaje pontificio puede ejercer en la construcción de una sociedad más unida.
Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.
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