Cómo afrontar la enfermedad según santa Teresa de Jesús

Cómo afrontar la enfermedad según santa Teresa de Jesús

Los escritos de la santa de Ávila sobre sus años de convalecencia revelan cómo vivir la enfermedad sin negar el dolor ni abandonar la esperanza

Santa Teresa de Jesús sufrió una enfermedad tan grave que llegó a permanecer casi cuatro días sin conocimiento. Después pasó más de ocho meses en extrema debilidad y tardó cerca de tres años en recuperar la capacidad de andar con normalidad. Su experiencia no quedó únicamente en el recuerdo: Teresa escribió sobre cómo la vivió, explicó qué la ayudó a soportarla y, años después, dejó instrucciones concretas sobre cómo debían ser tratados los enfermos en sus conventos.

El boletín de hoy

Martes, 6 de octubre

5 min · 11 noticias

  • Noah McKay, filósofo de Princeton, se convierte al catolicismo.
  • El arzobispo de Santiago pide reconocer el daño causado por la Iglesia.
  • Amoris laetitia, diez años después: la familia vuelve al Vaticano con el guion de siempre.
Todos los boletines →

De sus palabras pueden extraerse varias claves para afrontar cristianamente una enfermedad sin convertir el sufrimiento en algo bueno en sí mismo ni confundir la confianza en Dios con el rechazo de los cuidados. La santa de Ávila relata sin ocultar la dureza de aquellos meses: llegó a quedarse sin poder mover «ni brazo, ni pie, ni mano, ni cabeza» y tenían que cambiarla de posición entre dos personas utilizando una sábana.

No negar el dolor ni fingir fortaleza

Teresa no disfraza el sufrimiento con palabras piadosas. Cuando habla de su enfermedad utiliza expresiones extraordinariamente duras. Cuenta que sufrió dolores continuos, fiebre, una enorme debilidad y un estado físico que los médicos llegaron a considerar desesperado. Después de los cuatro días inconsciente, asegura que únicamente Dios podía conocer los «insoportables tormentos» que sentía.

Las noticias de la Iglesia, gratis en tu correo. Elige el Boletín diario (cada mañana), La semana de Iglesia Noticias (un resumen a la semana) o los dos.

Estoy de acuerdo con los Términos y condiciones y los Política de privacidad

Incluso cuando ya habían cesado algunos de sus padecimientos más agudos, reconoce que continuaba sufriendo otros que consideraba «insoportables». También admite que llegó a temer que le faltase la paciencia. Su experiencia ofrece una primera enseñanza sencilla: tener fe no obliga a fingir que una enfermedad no duele ni que resulta fácil soportarla.

Dejarse cuidar y buscar ayuda

La experiencia de Teresa tampoco presenta la enfermedad como algo que deba afrontarse únicamente mediante la oración. Durante su enfermedad fue atendida por su familia, religiosas y médicos. Su padre, su hermana y una monja amiga se ocuparon de ella cuando se trasladó para intentar curarse.

Años después, cuando pudo establecer las normas de sus propios conventos, dejó por escrito una indicación especialmente reveladora: «Las enfermas sean curadas con todo amor y regalo y piedad». Teresa exige además que sean visitadas y consoladas por las demás hermanas y ordena a la priora prestar especial atención a sus necesidades. La confianza en Dios aparece así acompañada de algo muy concreto: aceptar que necesitamos a los demás y dejarnos cuidar cuando estamos enfermos.

La oración en la debilidad

Durante su larga convalecencia, Teresa encontró uno de sus principales apoyos en la oración. Después de quedar prácticamente inmovilizada, cuenta que deseaba recuperar la salud, entre otras cosas, para poder volver a estar a solas rezando. Continuó confesándose con frecuencia y hablando de Dios con quienes estaban junto a ella.

La oración acabaría convirtiéndose en uno de los ejes de toda su espiritualidad. Aplicada a la enfermedad, su enseñanza resulta especialmente sencilla: rezar no exige encontrarse bien ni tener grandes palabras que decir. Puede consistir simplemente en permanecer ante Dios y hablar con Él desde la situación que uno está atravesando.

Apoyos espirituales para la paciencia

Teresa cuenta también qué la ayudó concretamente cuando los dolores eran especialmente intensos. Durante una de las etapas más duras encontró apoyo en el libro de Job y en las palabras con las que el personaje bíblico acepta recibir de Dios tanto los bienes como los males. Ella misma explica que tener aquellas palabras presentes le daba «esfuerzo».

No presenta su paciencia como una cualidad natural. Al recordar aquellos meses, se sorprende de haber sido capaz de soportarlos y atribuye esa fortaleza a Dios. Pasó los años de convalecencia «con gran conformidad» y, después de los primeros momentos, incluso «con gran alegría». La enseñanza práctica consiste en buscar apoyos espirituales concretos —la Escritura, la oración, los sacramentos— cuando las propias fuerzas no parecen suficientes.

Pedir la curación sin hacer depender la esperanza de ella

Teresa aceptó la posibilidad de continuar enferma, pero eso no significa que dejara de querer curarse. «Toda mi ansia de sanar», reconoce en el Libro de la Vida. Deseaba recuperar la salud porque pensaba que podría servir mejor a Dios estando sana.

Aparece aquí un equilibrio interesante. Por una parte, Teresa deseaba curarse; por otra, fue comprendiendo que no podía hacer depender toda su vida espiritual de que esa curación llegase. Reconoce el peligro de pensar que sabemos perfectamente qué sería mejor para nosotros y termina admitiendo que Dios «sabe mejor lo que nos conviene». Por tanto, pedir recuperar la salud y aceptar que no podemos controlar el resultado no son actitudes incompatibles.

El papel de San José

Hay un nombre inseparable de la enfermedad de Santa Teresa: San José. Cuando se vio tan joven y prácticamente impedida, cuenta que decidió recurrir a él. «Tomé por abogado y señor al glorioso San José y encomendéme mucho a él», escribe en su Libro de la Vida.

Teresa atribuyó a su intercesión la recuperación que le permitió volver a levantarse y caminar. Su confianza fue mucho más allá de aquella enfermedad y terminó convirtiéndose en una de las características de su espiritualidad. Para quien atraviesa una enfermedad, esta es probablemente una de las recomendaciones más explícitas que encontramos en sus escritos: encomendarse a San José y pedir su intercesión.

La enfermedad no define toda la vida

Teresa estuvo casi tres años sin poder caminar con normalidad. Sin embargo, su vida no terminó definida por aquellos años. Tras recuperarse, desarrolló una extraordinaria actividad. Fundó conventos, recorrió numerosos lugares de España, escribió algunas de las grandes obras de la espiritualidad cristiana y emprendió la reforma del Carmelo.

Esto no significa que una persona enferma tenga que ignorar sus limitaciones ni exigirse mantener el mismo ritmo que cuando estaba sana. La propia Teresa estableció cuidados especiales para quienes enfermaban. Pero su trayectoria sí muestra que la enfermedad puede formar parte de una vida sin convertirse necesariamente en toda la identidad de quien la padece.

Acompañamiento y consuelo

Las Constituciones teresianas no se limitan a ordenar que una enferma reciba alimento o cuidados físicos. Teresa dispone expresamente que las enfermas sean «visitadas y consoladas». Es un detalle pequeño, pero significativo: cuidar a un enfermo también significa acompañarlo.

Sus cartas demuestran hasta qué punto estaba pendiente de quienes enfermaban en sus comunidades. En una de ellas encarga a una priora que cuide especialmente de sus religiosas enfermas y le dice que las «regale mucho». La enfermedad no tiene por qué convertirse en aislamiento: aceptar una visita, hablar, dejarse consolar y permitir que otros estén presentes también forma parte del modo teresiano de atravesarla.

Quienes cuidan tienen también un llamamiento

Quizá una de las enseñanzas más hermosas aparece cuando Teresa deja de hablar como enferma y habla como fundadora. En una carta dirigida a una priora escribe una frase llamativa: «el día que le faltaren enfermas, le faltará todo».

No está deseando la enfermedad a sus religiosas. El contexto y sus propias Constituciones muestran justamente lo contrario: la presencia del enfermo se convierte en una oportunidad para ejercer la caridad. Por eso exige cuidado, atención, visitas, consuelo y una enfermera que reúna dos cualidades: capacidad y caridad.

Santa Teresa no ofrece una receta para hacer desaparecer el sufrimiento. Tampoco presenta la enfermedad como algo sencillo de aceptar. Pero precisamente por haber conocido esa realidad, sus escritos permiten descubrir una forma muy concreta de atravesarla: dejarse cuidar, rezar aun desde la debilidad, buscar apoyo en la Palabra de Dios, pedir la curación sin hacer depender toda la esperanza de ella, encomendarse a San José, aceptar las propias limitaciones sin permitir que la enfermedad ocupe toda la vida.

La Redacción pregunta

Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.

¿Crees que los consejos de Teresa de Jesús sobre cómo afrontar la enfermedad pueden ser útiles también para personas que no practican la fe cristiana?

¿Qué aspecto de la experiencia de Teresa durante su enfermedad te parece más relevante para aplicar en la actualidad?

Tu opinión es importante. Comparte tu punto de vista con respeto.

Comentarios (0)

Sé el primero en comentar esta noticia.

Escribe un comentario

Participa en la conversación con respeto. Tu comentario se publicará automáticamente, aunque podrá ser retirado por la redacción.

Publish the Menu module to "offcanvas" position. Here you can publish other modules as well.
Learn More.