
A manera de botón de muestra, Alemania nos muestra qué pasa cuando el estado se convierte en el Leviatán burocrático de Hobbes, que en vez de amar y servir a los que le votaron y sostienen con sus impuestos, termina por devorarlos. Esto mismo está pasando también en no pocos países europeos, como España: miles se han establecido en la Rep. Checa, donde observo directamente este proceso de transvase demográfico, que agrava el problema del déficit brutal de nacimientos. Los funcionarios del gobierno creen que su rebano fiscal es como una vaca que siempre puede dar más y más leche, hasta la sangre.
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Según la Oficina Federal de Estadística, el año pasado 288 579 ciudadanos alemanes se mudaron al extranjero. Una cifra sin precedentes. Lo que resulta especialmente preocupante es quiénes abandonan Alemania: se trata, sobre todo, de personas jóvenes y con un alto nivel de formación. Según un estudio del Instituto Federal de Investigación Demográfica y de la Universidad de Duisburg-Essen, dos tercios de los emigrantes tienen menos de cuarenta años. Tres cuartas partes cuentan con un título universitario.
Por decirlo de forma drástica: Alemania está perdiendo a sus mejores profesionales. Sin embargo, el hecho de que sea precisamente este grupo el que se marcha no debería sorprender a nadie. Las razones son evidentes. Los alemanes viven en un país en declive progresivo. Durante décadas, en la República Federal existía una certeza: si uno se esforzaba, acabaría viviendo mejor que sus padres y abuelos. Quienes hoy tienen treinta y tantos años crecieron con ese optimismo. Sin embargo, hoy se ven obligados a constatar que la promesa de ganarse bien la vida ya no es válida.
El sofocamiento fiscal
Los alemanes deben pagar impuestos cada vez más elevados. A cambio, se encuentran con una montaña de deuda irresponsablemente alta, excesos en materia de política social y un Estado que, en la vida cotidiana —ya sea en las administraciones públicas, en el sistema sanitario, en el transporte público o en la educación—, es cada vez más disfuncional y despilfarrante.
Los jóvenes con buena formación se ven especialmente oprimidos por ello. Con sus ingresos medios más elevados, serían quienes, en su momento, reduzcan de forma decisiva esa montaña de deuda y, además, tendrán que financiar el deteriorado sistema de pensiones. Por si fuera poco, el Estado les pone todas las trabas posibles, legales y burocráticas, que les impide ahorrar un patrimonio privado.
Ya no vale la pena trabajar
En lugar de reflexionar seriamente sobre cómo recortar el gasto de forma sensata, los partidos de izquierda, en particular, prefieren competir entre sí con propuestas sobre cómo exprimir aún más al colectivo fiscal. El Partido Socialista Alemán, por ejemplo, propuso recientemente ampliar las cotizaciones a la Seguridad Social también a las rentas del capital, es decir, a una de las últimas posibilidades que tienen los jóvenes de asegurarse de forma privada y rentable para la vejez. La recurrente exigencia de aumentar el tipo impositivo máximo hace el resto.
Con ello, el Estado alemán transmite, sobre todo a quienes se encuentran al inicio de su vida laboral y quieren labrarse un futuro por sus propios medios, el mensaje de que ya no vale la pena esforzarse. Y no solo eso: reina un ambiente que pone bajo sospecha generalizada al esfuerzo y a todo aquel que quiera esforzarse. No es de extrañar, pues, que muchos alemanes vean mejores oportunidades para sí mismos en el extranjero. La mayoría de ellos, en Suiza.
El Gobierno debería tomarse en serio esta cifra. Dada su situación, Alemania no puede permitirse ahuyentar a sus mejores talentos. El Estado debe volver a ofrecer perspectivas, especialmente a los jóvenes, y para ello debe armarse de valor para llevar a cabo auténticas reformas estructurales. De lo contrario, el futuro de Alemania emigrará junto con ellos.
Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.
¿Crees que la emigración de profesionales jóvenes es un problema exclusivo de Alemania o afecta también a otros países europeos como España?
¿Qué medidas crees que deberían tomar los gobiernos europeos para retener a los profesionales cualificados y frenar esta fuga de talento?
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