El obispo de Trondheim, Erik Varden, ha publicado una reflexión pascual en The Tablet donde medita sobre el amor cristiano a la luz de la resurrección. Su propuesta es clara: el verdadero amor no es solo un mandato moral, sino una fuerza que vence a la muerte.
En su texto, el prelado invita a redescubrir el mandamiento nuevo de Jesús y a vivirlo con realismo en un mundo marcado por el sufrimiento, la guerra y la desesperanza.
Varden recuerda las palabras de Jesús en la Última Cena: "Amaos los unos a los otros como yo os he amado". Sin embargo, advierte que este mandato no puede reducirse a una simple exigencia ética. Expresa algo mucho más profundo: la propia vida de Dios. "Dios es amor", escribe. Este amor se manifiesta en gestos concretos, pero también en la acción poderosa de Dios en la historia, incluso en situaciones difíciles o desconcertantes.
Uno de los puntos más fuertes de su reflexión es la identificación del verdadero contrario del amor. "Lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia", afirma. El obispo advierte que el mayor peligro no es la oposición activa al bien, sino la falta de compasión, la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y la búsqueda egoísta de la propia seguridad.
Desde una perspectiva bíblica, Varden identifica el amor con la vida misma. "En términos bíblicos, lo contrario del amor es la muerte", sostiene. Dios ama dando vida gratuitamente, sin buscar beneficio. Amar como Cristo implica promover la vida de los demás y resistir todo lo que conduce a una muerte interior.
El obispo subraya que la cruz, aparentemente símbolo de muerte, es en realidad signo de victoria. "En la cruz murió la muerte, mientras la vida se mostró invencible", escribe. La resurrección de Cristo ha transformado definitivamente la realidad de la muerte, que ya no es un final cerrado sino el umbral de la vida eterna.
