El Pontífice resalta la importancia de la participación laical en la toma de decisiones eclesiales.
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El Papa León XIV se dirigió hoy a los moderadores de asociaciones laicales en el encuentro anual que se celebra en el Aula Nueva del Sínodo, donde subrayó la necesidad de un gobierno eclesial fundamentado en la escucha y la comunión. El evento, que concluye mañana 22 de mayo, ha sido convocado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida bajo el lema “Servir, acompañar, guiar. Fundamentos y prácticas del gobierno en las asociaciones”.
En su intervención, el Pontífice advirtió contra un liderazgo meramente técnico y abogó por un gobierno orientado al bien espiritual de los fieles. Gobernar, explicó, significa “regir el timón” y conducir a la comunidad hacia su plenitud integral, permitiendo que cada miembro se desarrolle conforme a su vocación.
La dirección de las asociaciones laicales, frecuentemente ejercida por seglares, debe constituirse como un servicio desinteresado que brote de elecciones libres y de un auténtico discernimiento compartido. Según León XIV, este modelo debe perseguir el bien común y rechazar tanto los intereses particulares como las formas de poder mundano que corrompen la misión eclesial.
El Papa identificó tres pilares para un gobierno efectivo: debe beneficiar a todos, no puede ser impuesto desde la jerarquía y debe someterse al discernimiento de los pastores. León XIV enfatizó que el liderazgo ha de promover la participación responsable y la subsidiariedad, garantizando que cada miembro se sienta acogido en los procesos de decisión.
Asimismo, el Pontífice subrayó el valor de la comunión en la vida de la Iglesia, pidiendo a quienes ejercen responsabilidades que sean receptivos ante la pluralidad de perspectivas y sensibilidades presentes en la comunidad. “La Iglesia somos todos nosotros”, afirmó, exhortando a los movimientos a vivir en comunión con toda la Iglesia, tanto en el ámbito diocesano como en el universal.
Cerró su discurso expresando gratitud a las asociaciones de fieles y movimientos eclesiales por su aportación decisiva a la Iglesia, reconociendo su influencia en la cultura, el arte y la sociedad, así como su capacidad para difundir la luz del Evangelio en los diversos espacios de la vida contemporánea.
