Una de las tradiciones religiosas más antiguas de Madrid tiene antecedentes en 1438 y adquirió solemnidad en 1646, cuando las autoridades prometieron honrar perpetuamente a la Virgen de la Almudena tras unas graves inundaciones.

El boletín de hoy
Viernes, 6 de noviembre
Cada 9 de noviembre, festividad de la Virgen de la Almudena, patrona de Madrid, el alcalde de la capital protagoniza uno de los actos religiosos e institucionales más antiguos de la ciudad: la renovación del Voto de la Villa, una promesa que vincula al Ayuntamiento con la devoción mariana desde hace siglos.
Este año, el lunes 9 de noviembre, el alcalde José Luis Martínez-Almeida volverá a renovar el tradicional compromiso durante la misa solemne presidida por el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, a las 11:00 horas en la explanada de la catedral de la Almudena. Tras la eucaristía, la imagen de la Virgen recorrerá en procesión las calles Mayor, Santiago y Requena, antes de regresar a la catedral por la calle Bailén. La jornada incluirá también la tradicional ofrenda floral y solidaria, prevista entre las 10:00 y las 20:00 horas.
Los antecedentes del Voto de la Villa se sitúan en 1438, cuando Madrid era una pequeña población y la devoción a Santa María de la Almudena ocupaba un lugar destacado en la vida religiosa de sus habitantes. Según la Real Esclavitud de Santa María la Real de la Almudena, aquel año Madrid acudió a la protección de la Virgen ante una epidemia de peste.
Por su parte, la documentación recogida por la Archidiócesis de Madrid señala que el 20 de abril de 1438 las autoridades municipales y el Cabildo de Clérigos acordaron un voto perpetuo para solemnizar la festividad de la Inmaculada Concepción. El compromiso establecía la celebración anual en la antigua iglesia de Santa María de la Almudena, con ayuno, asistencia a misa y procesión, e incluso contemplaba sanciones económicas para vecinos que no participaran sin justificación legítima, lo que muestra hasta qué punto las celebraciones religiosas formaban parte de la organización de la vida pública madrileña.
El acontecimiento que daría al Voto de la Villa su formulación más conocida llegó en 1646. Según recoge la Real Esclavitud, Madrid atravesó un periodo de intensas lluvias que provocaron graves inundaciones durante más de tres meses. Ante la situación, se decidió sacar en procesión la imagen de la Virgen de la Almudena para implorar su intercesión.
La tradición religiosa sostiene que, poco después de comenzar la procesión, la lluvia cesó y el cielo se despejó. Interpretando aquel acontecimiento como una gracia recibida por intercesión de la Virgen, el 8 de septiembre de 1646, las autoridades municipales, encabezadas por el corregidor Álvaro Queipo de Llano, formularon un compromiso que quedó documentado de la siguiente manera:
"Esta Villa vota la asistencia a la Festividad de Nuestra Señora de la Almudena PERPETUAMENTE PARA SIEMPRE JAMÁS".
Aquel compromiso constituye el antecedente directo del voto solemne que las autoridades madrileñas continúan renovando en la actualidad.
La renovación del voto se mantuvo anualmente durante generaciones, aunque su continuidad no estuvo exenta de dificultades. La celebración se realizó sin interrupciones hasta 1836, cuando quedó suspendida durante el periodo de reformas del Gobierno de Mendizábal. Posteriormente, el Concejo volvió a reiterar el compromiso el 25 de agosto de 1845.
Durante buena parte de su historia, la renovación tenía lugar el 8 de septiembre, fecha vinculada a la Natividad de la Virgen María. El cambio al 9 de noviembre, día de la patrona madrileña, se produjo en 1977, durante la alcaldía de Juan de Arespacochaga, cuando el Ayuntamiento trasladó a esa jornada la renovación del compromiso. Desde entonces, la ceremonia se integra en los actos principales de la festividad de la Almudena.
En la actualidad, el Voto de la Villa consiste en una intervención solemne del alcalde de Madrid ante la imagen de la Virgen de la Almudena, durante la celebración eucarística de su festividad. A través de esta fórmula, el regidor recuerda el compromiso histórico de la ciudad y presenta distintas peticiones por los madrileños, las familias, las personas necesitadas y quienes tienen responsabilidades públicas.
El contenido concreto de la intervención varía cada año, aunque mantiene su carácter de oración y de renovación de una tradición histórica. La ceremonia constituye así un vínculo entre el Madrid del siglo XV y la actualidad, manteniendo viva una tradición religiosa que ha acompañado a la ciudad durante generaciones.
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