
El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, inauguró un congreso internacional en Roma sobre fertilidad e infertilidad rechazando la reducción técnica de la procreación y afirmando su raíz en el amor conyugal.
El boletín de hoy
Martes, 20 de octubre
El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, inauguró el 16 de octubre el congreso internacional El esplendor de lo humano: custodiar la fertilidad, curar la infertilidad, celebrado entre el 16 y el 18 de octubre en la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Roma. En su ponencia titulada «La dignidad y la belleza de la procreación en el Magisterio de la Iglesia», Parolin partió de una premisa antropológica: hombres y mujeres son «queridos por amor, creados para amar», y la educación del corazón constituye el objetivo primordial de la existencia humana.
A lo largo de su extensa exposición, Parolin recorrió la enseñanza de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II hasta los documentos de san Pablo VI, san Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, abordando la responsabilidad de proteger la dignidad de cada vida, el papel educativo de los padres y el valor del matrimonio entre hombre y mujer como fundamento de la familia.
Tomando como punto de partida la exhortación apostólica Familiaris consortio de san Juan Pablo II, Parolin subrayó que el amor auténtico no se agota en el sentimiento: implica una elección libre y consciente que se traduce en entrega, cuidado del otro y apertura a la vida. El amor conyugal constituye una forma «eminente y significativa» de amor, orientada a la reciprocidad, la fidelidad y la fecundidad.
El cardenal añadió que esa fecundidad no queda reservada al matrimonio: quien abraza la vida consagrada, aunque renuncie a la paternidad o maternidad física, «se vuelve espiritualmente fecundo, padre y madre de muchos». Evocó asimismo el documento conciliar Gaudium et spes, que sitúa el matrimonio ante todo como «una íntima comunidad de vida y amor conyugal» y lo distingue de la mera inclinación erótica.
La encíclica Humanae Vitae de san Pablo VI ocupó un lugar central en la intervención de Parolin. El cardenal recordó que ese texto define el amor conyugal como «humano, total, fiel y exclusivo» y que su horizonte no se cierra en la comunión entre los esposos, sino que apunta a la generación de nuevas vidas. Evocó también la exhortación Amoris Laetitia del Papa Francisco, que vincula el origen del ser humano a una procreación enraizada en la unión no solo biológica, sino también espiritual, de los padres unidos en matrimonio.
Frente a lo que Parolin denominó «la llamada cultura de la separación», el cardenal rechazó cualquier reduccionismo que convierta la procreación en un mero resultado técnico o biológico. Ese reduccionismo ha llevado, señaló, a que «la procreación se haya convertido cada vez más en reproducción, distanciándose no solo del amor conyugal, sino también de la relación sexual». Recordó que Francisco advirtió en sus escritos que la revolución biotecnológica «ha introducido la posibilidad de manipular el acto generativo, convirtiéndolo en independiente de la relación sexual entre hombre y mujer».
Para Parolin, la generación de una nueva vida compromete a la persona en su totalidad y halla su sentido en la comunión conyugal. Un hijo, enfatizó, no es una prestación exigible, sino un don que reclama gratitud y responsabilidad.
El secretario de Estado dedicó un pasaje relevante a la paternidad y la maternidad responsables. Las decisiones familiares, afirmó, exigen diálogo entre los cónyuges, respeto mutuo y atención a la dignidad personal, a la luz del Magisterio. Reivindicó los métodos naturales de regulación de la fertilidad como vía para profundizar en el conocimiento del propio cuerpo y en la calidad de la relación conyugal.
Recordó que Humanae Vitae «enfatiza la necesidad de respetar la dignidad de la persona en la valoración moral de los métodos de regulación de la natalidad», y que esa elección debe ser compartida por los esposos hasta convertirse en «su patrimonio común y en un estilo de vida».
Parolin insistió en la necesidad de construir una cultura capaz de acoger a cada niño, también cuando su nacimiento venga acompañado de dificultades o cuando el menor presente alguna discapacidad. La Iglesia, afirmó, quiere acompañar a las familias que atraviesan momentos de vulnerabilidad, brindándoles sostén y aliento. Señaló además que el amor paterno y materno puede ir más allá del vínculo biológico: la adopción y la tutela son expresiones concretas de solidaridad que abren el hogar a niños en situación de abandono o grave adversidad.
La responsabilidad de los padres, prosiguió el cardenal, no concluye con el nacimiento, sino que se prolonga en la tarea educativa. La familia está llamada a ser el espacio donde cada persona es reconocida en su dignidad; educar supone acompañar a los hijos en su maduración, orientarlos hacia el bien y prepararlos para ejercer la libertad con responsabilidad. Parolin subrayó que «una madre y un padre estén siempre presentes en toda circunstancia», porque su dualidad y complementariedad se manifiestan también en la relación con los hijos.
Habló de la importancia de un «corazón que ve», capaz de percibir las necesidades ajenas y de actuar en consecuencia; una atención concreta que hace posible vivir la fecundidad del amor incluso para quienes no pueden tener hijos, a través del servicio educativo, la proximidad a otras familias y la dedicación a los más vulnerables.
Al concluir su intervención, Parolin expresó su reconocimiento a cuantos trabajan en investigación y en la formación de parejas para que puedan vivir con plenitud la dimensión procreativa del amor conyugal. Tuvo palabras de agradecimiento especial para el Instituto Científico Internacional Pablo VI, comprometido con la investigación médica orientada a la procreación natural.
Reiteró que la ciencia debe volcarse en prevenir y tratar las causas de la infertilidad, ofreciendo a las parejas la posibilidad de engendrar una vida nueva con pleno respeto a la dignidad de los padres y del hijo por nacer. El congreso internacional, concluyó Parolin, representa a la vez un reconocimiento al trabajo ya realizado y una señal de esperanza, animando a todos a «continuar este camino con un compromiso renovado al servicio del amor humano y la procreación».
Estas preguntas han sido generadas por inteligencia artificial para favorecer el diálogo y la reflexión.
¿Crees que la visión de la Iglesia sobre la procreación como un regalo ligado al matrimonio conecta con la realidad de las parejas actuales y sus decisiones familiares?
¿Qué te parece el énfasis del cardenal en rechazar la procreación como un mero resultado técnico y defender su vinculación con la relación conyugal?
Tu opinión es importante. Comparte tu punto de vista con respeto.
Participa en la conversación con respeto. Tu comentario se publicará automáticamente, aunque podrá ser retirado por la redacción.

Comentarios (0)