El Vaticano afirma ante el Consejo de Derechos Humanos que la dignidad humana no se desvanece con el debilitamiento cognitivo ni la dependencia física.

El arzobispo Ettore Balestrero, Observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas y otros organismos internacionales en Ginebra, intervino el pasado día durante el 63.º período ordinario de sesiones del Consejo de Derechos Humanos, enfatizando que la dignidad de la persona es un don de Dios que no puede borrarse ni siquiera cuando las capacidades cognitivas, el intelecto o la conciencia se debilitan o fallan. Su declaración se produjo en el diálogo interactivo con el Experto independiente sobre el disfrute de todos los derechos humanos por parte de las personas mayores.
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Sábado, 24 de octubre
Balestrero recordó un grave riesgo señalado en informes previos: cuando la capacidad cognitiva se ve mermada, la persona «puede ser cada vez más representada por otros en lugar de ser escuchada, como si una capacidad disminuida implicara una personalidad disminuida». Esta dinámica, advirtió, invierte un principio fundamental de derechos humanos y reduce la agencia moral del anciano a su función cognitiva.
Citando la encíclica Magnifica humanitas del Papa León XIV, el nuncio apostólico precisó que la persona no se define por su conciencia, intelecto o capacidades —cualidades que «pueden debilitarse o incluso desaparecer»—. Recordó que la Declaración Universal de Derechos Humanos reconoce la dignidad de la persona «como fundamento de derechos iguales e inalienables», y que esta dignidad «no se desvanece junto con» las capacidades que disminuyen.
Balestrero subrayó que esta dignidad se reconoce «sobre todo» en el seno de la familia y la comunidad, donde cada individuo es escuchado y apoyado. «Cuando las personas mayores con deterioro cognitivo pueden vivir en tales entornos, no son consideradas una carga de la que deshacerse, sino miembros valiosos de la sociedad», afirmó el observador vaticano. La dependencia y la fragilidad, agregó, «ni niegan ni ofuscan esta dignidad»; por el contrario, «son una manifestación de la condición humana».
Balestrero prosiguió señalando que las personas mayores con deterioro cognitivo «siguen conservando y ejerciendo sus derechos, a menudo a través de formas de apoyo y relación». Esta realidad requiere, en consecuencia, una respuesta que no sea la sustitución de su voz. «La respuesta no debe ser la sustitución, sino el diálogo, la comprensión y el acompañamiento», para que las personas mayores sigan siendo «miembros activos de la sociedad, capaces tanto de recibir como de aportar».
La intervención del Vaticano ante el Consejo de Derechos Humanos refleja la doctrina católica sobre la inviolabilidad de la dignidad humana en todas las etapas de la vida, especialmente en contextos de vulnerabilidad donde los sistemas institucionales pueden tender a marginalizar o sustituir la participación autónoma de los ancianos.
