El Pontífice destacó que Pedro y Pablo, pese a sus diferencias de origen, formación y personalidad, no fueron adversarios sino símbolos de la unidad que el Espíritu Santo promueve en la Iglesia.
León XIV llamó a la unidad en la diversidad durante el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro, celebrado el lunes coincidiendo con la fiesta de San Pedro y San Pablo. En su intervención, el Papa subrayó que la sede romana de la Iglesia no debe ser vista como un centro de poder, sino como un lugar de servicio.
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El Pontífice se detuvo en la figura de los dos apóstoles para extraer un mensaje de esperanza. Pedro y Pablo, señaló, procedían de orígenes distintos, tenían formaciones y personalidades diferentes y, sin embargo, no fueron adversarios: se convirtieron en símbolos de la unidad que el Espíritu Santo promueve en la Iglesia. Su testimonio, añadió León XIV, ha orientado la presencia cristiana en la historia hacia el servicio, la unidad y la reconciliación.
El Papa también puso de relieve la relevancia histórica de que la enseñanza de Jesucristo echara raíces en la capital del Imperio Romano, lo que permitió una nueva comprensión de Dios y de la dignidad infinita de cada ser humano. Esa experiencia, indicó, debe entenderse como una fuerza que actúa no desde la dominación, sino desde el servicio a la vida.
León XIV pidió a los fieles que valoren la amplitud de la Iglesia y reconozcan su papel en la promoción del encuentro fraternal entre personas y naciones. Al mismo tiempo, les instó a evitar cualquier acción que pueda desgastar o herir la comunidad eclesial, en un momento en que se anticipan las consagraciones episcopales de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, aunque el Papa optó por no hacer mención explícita de esa situación en su discurso.
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